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La dulce calidez de sus braguitas
Fecha: 13/02/2026, Categorías: Voyerismo Autor: josecb, Fuente: CuentoRelatos
Ella era demasiado bella para mí y el dulce olor de su sexo se diluía entre los brazos de otro hombre, odiaba tender la ropa, pero era la única excusa que tenía para ver de cerca esas nalgas carnosas que pedían a gritos mi semen. Desde mi perspectiva y ayudado por sus falditas cortas podía distinguir perfectamente sus blancas braguitas, siempre estaban bien colocadas, pero yo esperaba el día en el que por algún accidente aquella morbosa tela dejara al descubierto unos labios que en mi calenturienta imaginación se abrirían invitándome a un festín de sexo. Cada vez que se agachaba a recoger una prenda yo descubría alguna arruga sinuosa, un nuevo camino para perderme en su cálido volcán, casi podría decirse que conocía su salvaje cuerpo más que su propio marido, dado que había dibujado el mapa de su piel cual satélite de reconocimiento. Sabía perfectamente que no la molestaba que mis ojos se fijaran en ella y me gustaba pensar que después de exhibirse frente a mí se pajeaba a gusto que era justo lo que hacía yo. Sus pechos eran más bien grandes y sumamente carnosos, le colgaban siempre sin sujetador y yo podía comprobar su grado de calidez ayudado por la erección de sus pezones. Aquel día estaba más guapa que nunca, recuerdo que fue un mes de mayo extraordinariamente caluroso, yo estaba asomado al balcón con un minimalista bañador por el que casi se me escapaban los resbaladizos testículos y ella yacía reclinada en una hamaca, al principio el golpe de vista no ...
... me dijo nada nuevo, pero tras una nueva pasada observé con regocijo que por única vestimenta tenía unas minúsculas braguitas, deliciosamente recogidas en su rajita; me comenzaron a temblar las piernas por lo que me senté en una silla estratégicamente situada para la ocasión. Ella tenía los muslos entreabiertos y gracias a ello se podía ver maravillosamente como en su monte de Venus se iniciaba una especie de vereda por la que si no fuera por la distancia descendería mi semen como un torrente. No sé si sería el calor o la emoción del momento, pero me sorprendí a mí mismo con una terrible erección que me delató al instante pues mi pene se escapó libre del bañador, buscando sin duda la dulce calidez de sus bragas, al principio me azoré bastante, era imposible que mi vecina no se hubiera dado cuenta de todo, pues, aunque a pesar de la distancia, su punto de vista era inmejorable. Hoy cuando rememoro todo esto sigo preguntándome con curiosidad porqué jamás nos sonreímos, daba igual que nos cruzáramos en el ascensor o los pasillos, únicamente nos mirábamos, yo no sabía que aquella era la última vez que la vería, eso lo descubrí más tarde, pero ella se despidió de mi con una fanfarria de fuegos artificiales. Lo primero que hizo fue abrirse de piernas, lo justo para que una burbuja le abriera un de las esquinas de su braguita dejando ver una sonrosada vagina llena de cálidos jugos. Ella entonces introdujo sus dedos para acariciarse, pero no de forma ordinaria sino con un ...