1. Masaje tántrico (4): parte 2)


    Fecha: 13/02/2026, Categorías: Hetero Autor: glupo, Fuente: CuentoRelatos

    ... recostada boca abajo y el encima metiéndosela por la concha. La verdad que era muy excitante la escena. Seguimos mirando, mientras los actores cambiaban de pose y seguían un buen rato dándole. Teniéndola pegada a mí, desnuda, viendo esas escenas tan calientes, hizo que mi pinga comenzara a endurecerse nuevamente. Ella bajo su mano y comenzó a sobarla. Yo le sobaba una nalga. Todo esto mientras mirábamos como el actor empotraba duro a la actriz contra el respaldar de un sillón.
    
    – ¿Cómo que te está gustando la película no? – me dijo, mientras seguía sobándome el pene casi erecto.
    
    – No tanto como lo que hace tu mano – respondí – ¿a ti te gusta que te den así de duro?
    
    – Si, como lo has hecho tu hace un rato – respondió.
    
    Dejé de sobarle la nalga la agarré de la barbilla y le di un beso en la boca. Suave. Con los labios ligeramente abiertos. Ella me respondió y volvimos a besarnos más apasionadamente esta vez. Se subió encima mío poniendo sus tetas en mi pecho. Abrió sus piernas y se subió encima de mi pene. Seguimos besándonos mientras pasaba mis manos por su culo, le apretaba las nalgas. Comenzó a moverse y frotar su concha ligeramente húmeda.
    
    – Sé que quedamos en dos polvos, pero muero por hacértelo de nuevo – dije asustado, ya que no tenía más dinero.
    
    – Claro que si papi, yo también muero porque me la metas de nuevo – respondió para mi sorpresa.
    
    – Pero ya no tengo plata – dije.
    
    – No te preocupes, éste va de regalo.
    
    La volví a besar y seguimos ...
    ... tocándonos. Ella se frotaba fuertemente contra mi pene. Sentía su concha cada vez más mojada. Sentía como la punta de mi pene abría sus labios sin entrar. Moría por metérsela sin preservativo, sentir su concha húmeda abrazar mi pene, pero tenía miedo de preguntar. Ella siguió con sus movimientos que me volvían loco.
    
    – Quiero sentirla dentro, sentir tu carne – me dijo, como si leyera mi mente – ¿te importa? – preguntó mientras agarraba mi pene dirigiéndolo a su vagina.
    
    – Si, por favor – respondí, sin pensar en las consecuencias.
    
    Colocó la cabeza de mi pinga en su concha y empujó su culo hacia atrás. Entró toda de golpe. Sentí su calor y su humedad de inmediato. Se movía rápidamente de arriba a abajo. Su concha apretaba mi pinga con fuerza y sus jugos hacían que deslice sin dificultad. Se levantó, agarré sus tetas y las masajeé con fuerza. Comenzó a mover su pelvis de adelante hacia atrás. Frotaba su clítoris contra mi pelvis. Sentía como mis vellos púbicos se mojaban con sus jugos. Aceleró los movimientos. Me levanté y la besé en la boca mientras ella seguía moviéndose. Le chupé los pezones, se los mordía, esta vez lo hice con más fuerza, ella gemía. Yo acompañaba sus movimientos con mis manos en su culo.
    
    Con ella encima mío, la moví hacia el borde de la cama y me levanté cargándola. Levanté sus piernas con mis brazos mientras ella se abrazaba de mi cuello. La agarré del culo y comencé a bombearla mientras nos besábamos apasionadamente. Su lengua jugaba con la mía y ...