-
Mi nombre es comemierda . Capítulo 2
Fecha: 17/02/2026, Categorías: Dominación / BDSM Autor: siervadeLucas, Fuente: TodoRelatos
Capítulo 2: Los comienzos de mi modificación corporal Mi nombre es comemierda. Como ya he mencionado, mi cuerpo no es más que un trozo de carne que existe porque mi Amo existe. Fue creado para servirle y satisfacerle sin condiciones. Por eso, Él tiene pleno derecho a modificarlo como considere necesario, y lo ha hecho, conforme a su gusto. Comenzaré con la más sencilla de todas sus modificaciones: la eliminación del vello corporal. Una tarde, cuando aún no vivíamos juntos, mi Amo me reclamó. Tuve que acudir a Él sin pasar por casa, lo que me impidió depilarme como a Él le gusta. Al llegar a su piso, encontré la puerta abierta. Pasé. Estaba frente al ordenador, como casi siempre, trabajando. Sin mirarme, me ordenó: —Desnúdate y abre las piernas. Obedecí mientras Él se levantaba y se acercaba. Me rodeó lentamente, observándome, y luego se sentó en el sofá. —Ábrete el coño —me dijo, con gesto asqueado. Seguí su orden. Entonces se levantó y fue al baño. Volvió con un espejo de mano, que colocó entre sus piernas mientras se sentaba de nuevo. —Acércate, comemierda. Abre las piernas y pon el coño aquí. Me puse a horcajadas sobre sus piernas, frente al espejo. —Flexiona un poco las rodillas, baja el coño. Obedecí. En el reflejo vi cómo mi Amo sacaba dos pinzas de depilar, una en cada mano. Empezó a apretar algunos pelos de mis labios. —Enderézate, puta. Me quedé parada al comprender sus intenciones. —Joder... de todas las putas de ...
... Madrid, me ha tocado la retrasada. No me gusta repetirme. Esto es básico. Vas a pasar por ello con dolor, por haber sido tan estúpida de venir así. Siempre debes estar impecable para mi uso. No admito margen. Enderézate. Me puse de pie. Sentí el tirón de las pinzas en mis labios. Se me saltaron las lágrimas. —Otra vez, perra. Vamos a quitar cada uno de esos pelos. Y yo no moveré las manos. Subes y bajas tú hasta que no quede ni uno. Vamos. Volví a bajar, aunque me temblaban las rodillas. Aquello iba para largo. Me enderecé más deprisa para que el dolor fuese más corto, pero la diferencia era mínima. —Date prisa, puta. No tengo todo el día. La próxima vez vendrás como es debido. No pido tanto, joder. Traer el coño en condiciones lo sabe hasta la ama de casa más arrastrada cuando folla los sábados. Continué bajando y subiendo. Mi Amo me arrancaba los pelos durante un buen rato. Mis piernas me fallaban, me dolían. Intenté apoyar una mano en el sofá, pero Él me detuvo. —Ni se te ocurra, tarada. Manos a la nuca, sacando ubres. ¡Arriba y abajo, cerda! Lloraba mientras mi coño y mis muslos ardían. No sé cuánto duró. Cuando terminó y arrancó el último pelo, me dio un puñetazo que me tiró al suelo. Mis piernas agradecieron el descanso. —Abre las piernas, perra. Obedecí, pensando que quería revisar si no quedaba ni un pelo. Pero sacó la pala de azotar y empezó a pegarme en el coño. —Pretendes ser una esclava y no llegas ni a calientapollas, puta. Siguió ...