1. Mi nombre es comemierda . Capítulo 2


    Fecha: 17/02/2026, Categorías: Dominación / BDSM Autor: siervadeLucas, Fuente: TodoRelatos

    ... azotándome sin piedad.
    
    —Ábrete el coño bien con ambas manos. Voy a azotarte el clítoris.
    
    Nunca lo había hecho antes, pero entendí que mi falta había sido grave. Coloqué las manos en los labios, abrí el coño todo lo posible y empujé con la cadera, dejando el clítoris completamente expuesto.
    
    El primer palazo fue insoportable. Me doblé, cerré las piernas, jadeando de dolor.
    
    —Aprende esto bien, zorra. Si quiero castigar una parte de tu cuerpo, tú la abres y la entregas. Esconderla o retirarla, aunque sea un acto reflejo, solo hace que aumente la fuerza del golpe. Tú sabrás hasta dónde quieres llegar. Túmbate de espaldas, lleva las rodillas al pecho y vuelve a abrir el coño.
    
    Obedecí. Ni bien había terminado de colocarme, el segundo palazo cayó sobre mi clítoris. Grité internamente, sujetándome las rodillas para evitar encogerme y agravar el siguiente golpe.
    
    —Eso es, perra. Algo mejor. Pero has apartado las manos. Así que te vas a llevar diez palazos en el clítoris. Iré aumentando la intensidad. Me duele hacerlo, pero debes aprender. Eres un trozo de carne. Si quiero destrozarte el clítoris a palazos, tú lo abres y das las gracias. ¿Entendido?
    
    —Sí, mi Amo.
    
    —Perfecto. Vamos a empezar. Ábrelo ...
    ... bien.
    
    Abrí el coño. Aguanté los diez palazos como pude. Nunca antes me había dolido tanto el clítoris. Al terminar, me ordenó mantener la posición. Fue a por el espejo, lo puso frente a mi coño y vi mi clítoris: hinchado, en carne viva, rojo como nunca antes.
    
    —Está bonito, ¿verdad? Así me gusta ver las marcas en el coño de mi perra. Ahora busca una clínica donde hacerte el láser en ese coño sucio. No quiero volver a ver ni un pelo en los labios. En el pubis sí, por si quiero atarte una correa y tirarte de ella. Aquí sí, perra.
    
    De pronto sacó un mechero, acercó la llama a mi pubis, y dio un palazo que la apagó justo antes de quemarme. Grité del susto. Entonces, mi Amo metió la pala en mi boca hasta la garganta, ahogando mi grito.
    
    —Escucha, puta. Debes confiar ciegamente en mí. No voy a hacerte daño irreversible. No voy a quemarte el coño apestoso que tienes. Así que nada de gritar por tonterías. Ahora limpia la pala con la lengua, que huele a cerda chamuscada.
    
    Lamí los restos de pelos quemados hasta dejar la pala limpia. Luego me levanté y busqué una clínica de depilación láser.
    
    Sobra decir que, desde ese día, mi coño nunca dejó de estar perfecto para mi Amo.
    
    Para mi Amo, mi Dueño, mi Dios. 
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