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El viejo zorro
Fecha: 19/02/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: AlbertoXL, Fuente: TodoRelatos
... una virilidad que me llevara al límite. El jefe de mi esposo me conocía de una manera que era a la vez emocionante y peligrosa. Sabía que el tamaño de su polla le confería un poder sobre mí que iba más allá del mero placer. Cuando me miró con sus imponentes ojos oscuros y explicó cómo iba a usar su magnífica polla para hacerme gritar, hube de asumir que el tamaño de una virilidad me importaba. No tenía sentido seguir fingiendo lo contrario. Terminé mi vino y me levanté, dejando que la bata se abriera por completo mientras me preparaba para hablar. Esa noche, Alfonso y yo haríamos el amor con el recuerdo de las caricias de su jefe todavía frescas sobre mi piel, impregnada de su subyugante colonia para hombre, de manera que mi esposo se excitaría al intuir que había sido completamente poseída por su superior. No había hipocresía en amarlos a ambos por diferentes razones, ni tampoco en aceptar lo que cada uno podía ofrecer sin remordimientos ni vergüenza. Era una mujer que sabía lo que quería, y había encontrado a dos hombres dispuestos a dármelo, uno mediante la devoción emocional y el otro mediante la dominación física. Es más, aquel acuerdo me estaba sentando fenomenal, cada mañana me veía mas radiante en el espejo, y evidentemente tenía intención de seguir rejuveneciendo día a día o polvo a polvo. Mi esposo cree que nuestro acuerdo ha llegado a su fin natural, que las visitas regulares de su jefe y su complicidad voyerista representan la realización de sus ...
... fantasías más íntimas. Lo que aún no entiende es que esto es solo el principio. Lo que hemos establecido hasta ahora es solo la base de algo mucho más profundo. Voy a incrementar la docilidad de mi esposo hasta lograr su sumisión total a mis deseos. Quiero que entienda que su rol no es solo observar, sino participar activamente, colaborar y grabar en video mientras gozo con otros hombres. Esa es la dirección de la fantasía que he estado construyendo en mi mente durante semanas. Me conmuevo con solo imaginar todo ese poder en mis manos. Pero mi esposo todavía no está preparado para ese nivel de sumisión. Su disposición a observarnos e incluso a saborear en mi sexo el semen de otro hombre implicá que, en cierto modo, ha aceptado una posición inferior y gregaria. Todo ello representa un progreso significativo, pero sigue estancado en roles esencialmente pasivos. Lo que yo anhelo es su participación en mi placer con otros hombres, una conducta consciente, mansa y dirigida a facilitar mi total satisfacción incluso a costa de su propia humillación. Alfonso cree haberme dado todo lo que podría desear, pero está a punto de descubrir que mi dominio sobre él va mucho más allá de lo que hemos explorado hasta ahora. Al entrar en el dormitorio le vi sentado en la cama, apoyado en el cabecero. Tenía un libro en las manos, una novela de suspense financiero que llevaba días intentando terminar; pero tampoco esa noche parecía concentrarse en la lectura. Su postura era tensa, con los ...