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La vecinita Rosy (parte II): El primer encuentro
Fecha: 22/02/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: DonBerna, Fuente: CuentoRelatos
Entonces llego el día en que finalmente sucedió; la misma situación se volvió a repetir: ella fue a buscarme, cabe recalcar que usualmente lo hacía cuando sabía que estaba solo; fue a pedirme ayuda con su laptop; no recuerdo para qué, si fue para instalarle un software pirata o para configurarle una impresora, ya ni recuerdo; el hecho es que ese día, según ella, tenía algo de prisa y tenía que ir a una fiesta con su novio, por lo que tenía que dejarme solo en su cuarto mientras ella se metía a bañar; que por cierto, el cuarto de baño quedaba dentro de su recamara. Mientras ella estaba en la regadera, yo permanecía en el escritorio sin hacer nada, en cabeza daba vueltas la idea de cómo podría hacerle para atreverme a entrar, pero mi consciencia me hablaba y me decía que no estaba bien. Así que mejor decidí desistir y opté por salirme de la recamara. Creo que ella me escucho, y desde adentro del baño me grito “¿Ya se va sin despedirse, vecino? ¿A poco ya quedo lista mi laptop?”. “Es que voy al baño” haciendo referencia que me dirigía a otro baño para visitas que tenían en la sala. Lo que siguió, fue la señal para retomar los planes para satisfacer mis pervertidas ideas; pues me respondió “el otro baño no sirve, si gusta puede entrar al de aquí” … hubo una pausa, y luego agrego “sirve que me hace compañía ¡Jajaja!” … eso hizo que agarrara valor, y entre a su cuarto de baño. Ahí estaba yo, parado, estático, con la cortina de baño como única separación entre la pequeña ...
... Rosy y yo; mi corazón estaba acelerado y mi miembro luchando por liberarse de lo apretado del pantalón. El solo imaginarla desnuda y mojada, me tenían con la adrenalina a todo lo que da. Nuevamente ella fue quien volvió a romper ese silencio misterioso “nada más no se vaya a asomar ¿he?”, que en mi cabeza sonaba definitivamente como una invitación a hacer exactamente lo contrario. “¿Por qué? ¿Qué puedo ver que no haya visto antes?”, le respondí. “Pues, así como yo, no creo” me replico entre risas. Ya no me aguante más, y me acerque hacia área de la regadera y con la mano recorrí la cortina hacia un lado de manera sorpresiva, dejándola expuesta totalmente desnuda frente a mí, mientras le decía “¡A ver si es cierto, vecinita!”. Ella reacciono tratando de taparse los senos con uno de sus antebrazos, y con la palma de la otra mano intentando ocultar su vagina, y con una sonrisa pícara exclamo “¡Ay vecino, que atrevido!”. Me quede asombrado al ver lo voluptuoso de su cuerpo, escaneaba todas sus curvas de pies a cabeza; sus senos, aunque algo grandes, se mantenían erguidas sin necesidad de traer sostén, sus caderas, aderezadas con un par de ligeros gorditos, y más abajo, sus glúteos bien redondos que sobresalían hacia atrás; y su abdomen, igual de apetecible con algo de carnita, pero sin verse llenita. Ya no aguanté más y me metí junto con ella a la regadera; así, con ropa y zapatos puestos. Cerré la llave para no mojarme, aunque ya me había salpicado algo de agua. Le retire el ...