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Antonio el camionero y su chequeo de próstata
Fecha: 28/02/2026, Categorías: Gays Autor: AntonioSPA, Fuente: TodoRelatos
A Antonio le sudaban los cojones. Literalmente. Y no por el calor, que también, sino por el mosqueo. Le habían cambiado la cita para la revisión de próstata —esa que se hacía cada año con más resignación que fe— y al llegar al centro de salud, lo primero que le dijeron fue que el doctor Julián, su urólogo de confianza desde hacía cinco años, estaba de baja por ciática. —Le atenderá el doctor Luca Moreno, su sustituto —le informó la recepcionista, con una sonrisa blanca de azafata. —¿Luca? —murmuró Antonio, arqueando una ceja peluda—. ¿Ese nombre no venía en los potitos de frutas? —Pase al fondo. Consulta 3 —dijo ella, ignorando la burrada. Antonio caminó por el pasillo mascando maldiciones. Llevaba una camiseta de tirantes con manchas de grasa, los sobacos húmedos y unos vaqueros tan bajos que casi se le veía el vello púbico. Entró sin llamar. Y ahí estaba él. El nuevo. Un crío. No tendría más de treinta. Repeinado, bata planchada, gafitas redondas de pasta, y una voz suave, precisa. Y sí, con una modulación afeminada. No hacía falta que lo dijera: era maricón fijo. Delicadito, con las manos finas, piel blanca sin una puta arruga y ese porte estirado de los que nunca han cambiado una rueda ni se han manchado de grasa en su vida. Todo en él olía a colonia cara y a miradas disimuladas. El tipo de médico que parece más interesado en el paciente que en la medicina. Antonio lo caló en dos segundos. —Buenos días, don Antonio. Soy el doctor Luca Moreno. ...
... Encantado de conocerle. Antonio se quedó de pie, brazos cruzados, como un león evaluando a un ratoncillo. —Don Antonio me llama el del banco. Tú dime Antonio y va que chuta, que a fin de cuentas me vas a meter un dedo por el culo. Luca lo observó con atención. No le temblaban las manos ni la voz, pero algo dentro de él se agitó. Antonio medía cerca de uno noventa, con ese pecho ancho y peludo que asomaba bajo la camiseta blanca con cercos de sudor, curtido por años de carretera y sol. Tenía el cuerpo de un toro viejo y cabreado, una presencia tan jodidamente masculina que parecía llenar la consulta de testosterona. Luca no se sintió intimidado, pero sí… fascinado. —Está bien… Antonio. Vamos a hacerte la revisión prostática anual, ¿vale? Es algo bastante rápido. —Sí, sí, ya me sé el rollo. Me pongo a cuatro patas, tú me metes el dedo en el ojete y todos tan amigos —y luego añadió, con una sonrisa resignada y chulesca—. Sólo que esta vez, el que me meterá el dedo no será Julián… sino un chavalito con manos de pianista y voz de doblador de las pelis que ve mi nieta. Luca forzó una sonrisa profesional, pero no pudo evitar que su mirada se deslizara un instante hacia el bulto que marcaban los vaqueros gastados de Antonio. Era imposible no verlo. Lo abultaba todo, con un contorno claro, cayendo hacia un lado con una gravedad propia. En cuestión de segundos, descartó una erección y cualquier sospecha de hernia inguinal. Aquello era simplemente un tremendo rabo en ...