1. El placer de ser seducida y que te conviertan en una princesa (2)


    Fecha: 10/03/2026, Categorías: Transexuales Autor: GenovevaSexy, Fuente: CuentoRelatos

    ... hazme tuya, soy tu esclava, te lo ruego… conviérteme en una princesa sin virginidad, desflórame, mi cuerpo y especialmente mi ano y recto son tuyos”.
    
    Me besó de nuevo, se acomodó sobre mi cuerpo, pecho contra pecho, abdomen contra abdomen, pelvis contra pelvis. Mientras nuestros ojos estaban cerrados tomó mis piernas y las dobló, luego con sus fuertes manos agarró mis pantorrillas y las puso en sus hombros. Me quitó la pantaleta, abrió los botones de mi vestido y quitó el cierre delantero de mi sostén. Me besó, mordió y succionó los pezones. Mi ano estaba totalmente empapado de deseo. Separó un poco nuestras cinturas, sin dejar de verme a los ojos noté como maniobraba su miembro colocándole lubricante. Sentí la punta de su larga y cilíndrica verga en la puerta de mi ano.
    
    “mírame a los ojos, no quites tu vista” me ordenó delicadamente.
    
    El momento llegó repentinamente. Gemí de dolor. Resoplé exhalando aire por la boca agitadamente, por un segundo quise cerrar la mirada, pero recordé su instrucción y seguí viéndolo a los ojos. Su enorme pene comenzó a hacerse camino dentro de mí, lentamente y con fuerza desgarró cada músculo que cerraba mi ano. Sentí correr la sangre caliente de mi virginidad anal y a mi recto expandirse como la boca de un globo de látex que se estira hasta casi romperse. Entraba poco a poco cada vez más. Era un tubo de hierro ardiente quemándome el ano ingresando despacio.
    
    Vi su rostro de gozo sabiendo que se estaba llevando mi virginidad y estaba ...
    ... borrando lo último que quedaba de mi hombría. Instintivamente mi garganta comenzó a emitir gemidos y lamentos hasta que al fin sentí el vello de sus testículos chocar contra mis nalgas.
    
    “Ya eres mujer, nena” me dijo “la tienes toda adentro” y sentí como se hinchaba y deshinchaba su miembro dentro de mí”. Me estremecí de delirio de felicidad. Sonreí de gozo y placer. “Al fin soy una princesa, soy una nena” le respondí agradecido y lo besé alocando mi lengua dentro de su boca.
    
    Comenzó a salir de mí. Sentí como mi recto se relajaba queriendo tomar de nuevo su forma, pero le era difícil pues estaba ya muy abierto. Noté la cabeza gorda de su pene en la puerta de mi culo, aún dentro de mí y tomando un segundo de suspenso, esta vez me penetró salvajemente, duro, hasta adentro. Mi ano sangró más y el dolor fue insoportable, pero deseaba más de esa delicia. Gemí abrazándolo. Salió de nuevo y por tercera vez me penetró hasta adentro, al fondo de mi intestino.
    
    Así, deliciosamente, comenzó a entrar y salir con mayor velocidad. Acurrucó su cabeza a la par de la mía y me dio con su lengua en la oreja. Hice lo mismo. No me alcanzaba el aire. Suspiraba cada vez más rápido y nuestros quejidos se sincronizaron. Procuré sonar lo más femenino posible.
    
    Entraba y salía cada vez más y más y más rápido. Mi recto y mi ano estaban totalmente expandidos. Abrí más las piernas hasta donde me fue posible. La fricción me quemaba por dentro y por fuera. El ardor era desgarrante pero delicioso. ...