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Las aventuras de Loverboy (3)
Fecha: 14/03/2026, Categorías: Gays Autor: ivangro, Fuente: CuentoRelatos
... quemado, óxido, transpiración vieja, y algo más profundo… como si su piel filtrara restos de los lugares por donde había reptado: caños industriales, cloacas abandonadas y esos clandestinos talleres ilegales de extracción de deseo. Grunt había nacido en el siglo posterior a la prohibición. Nunca conoció un mundo donde el sexo fuera libre. Había sido criado en los márgenes, en los submundos donde la castidad era ley aùn más firme… y el deseo, se pagaba más aún más caro. Pero eso no había detenido a un joven Grunt que no peleaba contra sus instintos sexuales. Aprendió desde chico a detectar rastros de lujuria en la gente y a identificar el más mínimo aroma de aquella feromona que le despertaba ese deseo tan reprido, en una prenda olvidada, en un colchón húmedo y hasta en el aire mismo. Durante años, bajó por las alcantarillas como una rata. Allí, en la humedad fétida y el vapor tóxico de los túneles prohibidos, se refugiaban los cuerpos que aún buscaban tocarse sin ser vistos. Clandestinos. Rebeldes. Depravados. Y Grunt los espiaba. Aprendió así que algunos (solo unos pocos) producían el sexyd-69 en infimas cantidades y esto pasaba solo cuando estaban sobrepasados de éxtasis o cuando los atormentaba el miedo. El sexyd-69 era para él como una droga, una revelación. Cuando la descubrió por primera vez estaba en lo profundo de las alcantarillas observando como dos jóvenes adolescentes cogían desenfrenadamente. Dos cuerpos se empujaban con furia, desnudos, embarrados, ...
... cubiertos de hollín aceitoso que el aire les pegaba en la piel. Uno de ellos tenía las piernas abiertas, jadeando con la lengua afuera como jadea un perro, sintiendo en su espalda el pecho del otro, que embestía con una intensidad desesperada. El sonido de los cuerpos era húmedo, brutal. Respiraciones entrecortadas. Gruñidos que no pedían permiso. Una mano agarrando con fuerza la nuca del otro, una mordida en el hombro, una carcajada ebria de deseo. Grunt lo presenciaba todo: el olor insoportable y delicioso de orina vieja, grasa industrial, sangre… y algo más. En medio de ese choque sórdido… Grunt lo sintió. Fue como un golpe en el pecho. El aire se volvió espeso. Un calor le recorrió la garganta. La feromona. El sexyd-69. Era fresca. Volátil. Brotando minúscula desde el dilatado ano de uno de ellos mientras su compañero lo penetraba violentamente. Se relamió. Apoyó las dos manos enormes contra el borde del ducto. Su cuerpo entero temblaba. Las venas del cuello se le hinchaban. El olor lo estaba penetrando. La baba le colgaba en hilos gruesos. Su verga, se endureció como una viga de acero, le golpeaba la panza con cada espasmo. No podía más. No sabía si lloraba o sudaba. Solo sabía que quería eso. Eso que ellos tenían. Eso que su cuerpo recordaba, aunque su mente lo hubiera olvidado hacía décadas. Y fue ahí, en ese instante exacto de euforia y dolor, que Grunt dejó de ser un hombre para convertirse en otra cosa. Se dio a la carrera contra la pareja de ...