1. Al teléfono...


    Fecha: 15/03/2026, Categorías: Sexo Virtual, Autor: Enelmedio, Fuente: TodoRelatos

    Me costó decidirme, aunque llevaba tiempo pensando en llamar a alguno de aquellos números que se anunciaban en los chats televisivos más sórdidos de las madrugadas y en las páginas de contactos por Internet, casi siempre puestos por hombres que querían hablar con otros hombres, y que utilizaban conceptos tan poco dados al equívoco como “charla caliente” o “paja por teléfono”.
    
    La primera vez la experiencia resultó francamente frustrante: un tipo con voz desagradable me decía que quería besarme con lengua y chuparme el culo, y sentí asco. No obstante, lo volví a intentar: a veces mis interlocutores eran viejos verdes que me provocaban verdaderas náuseas, o tipos babosos empeñados en que les hablase de mi mujer, o chicos jóvenes demasiado tímidos para hablar que esperaban en un silencio incómodo a que yo les dijese no sé bien qué. A veces, sin embargo, había suerte y el tipo al otro lado del teléfono era capaz de excitarme de un modo perversamente intenso y extrañamente placentero.
    
    Como aquel albañil de voz ronca con el que llegamos a un orgasmo simultáneo mientras él me gritaba entre jadeos que quería toda mi leche en su cara. O ese tipo de gustos y carácter, me pareció, tan similares a los míos, con el que surgió tal compenetración que pronto dejamos de hablar para limitarnos a intercambiar jadeos y suspiros entrecortados, rítmicos, perfectamente acompasados, hasta que nos corrimos al unísono con un gruñido compartido y un tanto primitivo. O aquel pasivo tan sumiso que ...
    ... hizo aflorar en mí una insospechada vena dominante que me llevó a ordenarle que se metiese los dedos por el culo y luego se los chupara pensando que era mi rabo lo que le entraba en la boca, pringado de su mierda y de su sangre. O aquella maricona tan afeminada que no paraba de preguntarme, como si realmente estuviésemos juntos, si me gustaba cómo me la estaba chupando, si me gustaba lo estrecho que tenía el culo. O aquel cincuentón que me contaba jadeando cómo le gustaría que le enculase mientras él le comía el coño a la gorda puta de su mujer para acabar recibiendo mi corrida sobre sus caras y pasandósela de una boca a la otra.
    
    No todas mis pajas por teléfono fueron con hombres, durante algún tiempo recibí regularmente las llamadas de una vieja amiga con la que tenía una conexión bastante especial, que aprovechaba estratégicamente las horas en que mi mujer estaba trabajando para comunicarse conmigo con cualquier excusa y soltarme de repente que estaba recién duchada, que echaba de menos mi polla y que mi voz la tenía tan cachonda que se estaba tocando oyéndome hablar, lo que naturalmente me hacía a mí evocar su enorme cuerpo lleno de curvas peligrosas e imaginarla relamiéndose mientras se acariciaba furiosamente el clítoris y de su raja brotaba un pequeño río de flujo espeso y fragante a mar.
    
    Y claro, aquello llevaba indefectiblemente a un intercambio de jadeos, gemidos, susurros, preguntas indiscretas (¿te estás tocando?, ¿estás desnuda?, ¿me has echado de menos?, ¿te ...
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