-
Al teléfono...
Fecha: 15/03/2026, Categorías: Sexo Virtual, Autor: Enelmedio, Fuente: TodoRelatos
... pones así de cachondo con tu mujer?...), piropos brutales (cómo me gusta ese coño pringoso, cómo echo de menos esa polla dura, ufff esas tetazas tuyas…), órdenes susurradas con voz ronca (pellízcate los pezones, córrete para mí, métete más dedos, dame tu leche…) y recordatorios de experiencias pasadas (y tenía experiencias para recordar con esa mujerona, amigos, que os hubieran hecho silbar con el ojete), y al final terminaba pegándome unos corridones tremebundos que hacían saltar mi leche a chorro de tal manera que a veces quedaban incoherentes manchas en los lugares más insospechados que hacían preguntarse a mi esposa, días después, cómo era posible que hubiera llegado al cristal de la ventana, al mando de la tele o al póster de la gira del 87 aquello que parecía yogur o nata. Me volvía loco al teléfono aquella mujer...más loco que nadie… … que nadie menos aquel cabrón prepotente y agresivo que me puso sorprendentemente cachondo llamándome perra y amenazándome más que ofreciéndome con que me iba a follar a cuatro patas hasta romperme el culo y luego se iba a correr en mi boca y a meárseme encima. ...
... Recuerdo que me decía “¿quieres que te folle hasta romperte el culo?” y yo le decía que sí. Me decía “¿quieres ser mi perra?” y yo le decía que sí. Me decía “te voy a echar tanta leche en la boca que te vas a atragantar” y al imaginarme con una polla gruesa y palpitante en mi boca, escupiendo cantidades inusitadas de esperma caliente y espeso en mi garganta llegué al clímax con tal fuerza que no pude reprimir un gemido casi andrógino. Cuando recobré el resuello y oí que el jambo seguía profiriendo burradas le colgué, dejándole, supongo, con la polla en la mano y la boca abierta, pensando en qué hacer con las muchas barbaridades que se le ocurrían, o lanzando a la línea vacía, al aire nocturno atravesado por miles de ondas electromagnéticas sus diatribas amenazantes y eróticas, ofensivas y excitantes, sucias sobre todo, sucias como el cielo de una ciudad envenenada, como un charco embarrado donde se refleja una luna turbia, como un chispazo de origen desconocido que rompe por un instante la oscuridad de un cuarto silencioso antes de desaparecer para siempre sin dejar más rastro que un recuerdo vagamente inquietante.