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Los dos cerditos
Fecha: 18/03/2026, Categorías: Gays Autor: Enelmedio, Fuente: TodoRelatos
... placer. -Ahora quiero probar yo la tuya… Me di la vuelta y disfruté de la caricia de su glande cabezón en mi agujero del amor, mientras él me lamía la oreja y me susurraba dulces cochinadas, haciéndome erizar el vello de todo el cuerpo y obligándome a suspirar como una marrana paridora. -Metémela… Lo intentó, pero su tranca era demasiado corta, demasiado gruesa, y de erección demasiado inconsistente, y no consiguió clavarme la estaca como yo hubiera deseado. Me dejó con las ganas así que decidí vengarme… -Pues te la voy a tener que meter yo… Le puse de lado y volví a pegarme a su espalda y a frotar mi verga dura como una piedra por su culo húmedo y deseoso. Se llevó la mano atrás y se untó de lubricante, y yo desconocí la indirecta, y seguí rozando su ansioso coño con mi rabo tieso...arriba y abajo...arriba y abajo...él temblaba y jadeaba y babeaba...estaba, era obvio, muy cerdo… -Clavámela por favor que ya no puedo más… Cedí a sus súplicas y decidí darle, y darme, el gusto. Mi polla entró poco a poco en su culo prieto y caliente, se notaba que hacía tiempo que nadie le follaba y eso me puso aún más caliente y motivó que mi tranca se pusiera todavía más dura, arrancándole un quejido de dolor. -¿Paro? -Ni se te ocurra… Le agarré de la barriga suave y cálida y empecé a taladrarle el ojete sin miramientos. Por sus gemidos sabía que le estaba doliendo, sí, pero que sobre todo le estaba gustando. Mis caderas chocaban con sus nalgas haciendo un ...
... ruido sordo, y mis huevazos hinchados golpeaban los suyos, mucho más pequeños, con violencia, haciéndole encogerse levemente con cada impacto… -Así, así, fóllame… Le lamía la nuca salada del sudor mientras le rompía el culo a base de bien, le mordía las orejas, le decía que era mi gocha salida y que la iba a preñar hasta que le saliera mi lefa del coño, le sujetaba de los muslos hasta dejarle mis dedos marcados… -No te pares… Mi polla entraba y salía casi por completo de él, ensartándole a fondo, llegándole hasta las entrañas, y en una de estas acometidas se me desvió la mira y mi rabo pegó contra sus pelotas, haciéndole soltar un pequeño chillido de dolor. -¿Te la vuelvo a meter? -¿Te queda mucho? -Estoy a punto… -Pues córrete sobre mí… Le tumbé boca arriba, le puse los huevazos en la boca para que saborease a gusto esas deliciosas criadillas, y le largué un chiringazo de lefa en el pecho y la barriga que empapó su vello, pringó su carne, casi lo enterró en la blancura espesa de mi leche. Me bajé y le besé amorosamente. Como los gochos somos animales más limpios de lo que indica nuestra injusta fama, me ofreció una ducha y acepté, a condición de que me acompañase. Allí nos lavamos mutuamente, nos enjabonamos las obscenas lorzas, nos restregamos juguetonamente los orondos cuerpos cubiertos de espuma, nos besamos apasionadamente, nos limpiamos cada rincón del cuerpo el uno al otro con cariñosa devoción… Salí de la ducha antes que él, me senté sobre ...