1. El Apartamento 29


    Fecha: 18/03/2026, Categorías: Fantasías Eróticas Autor: Birkin1990, Fuente: TodoRelatos

    ... que podía ser una mano—una extensión de su sombra—hacia el dobladillo de su camisón. Con un movimiento deliberado, lento, se lo levantó hasta la cintura, dejando al descubierto sus muslos temblorosos, la curva de sus nalgas.
    
    Laineth quiso sacudirse, forcejear, pero sus extremidades seguían inmovilizadas, como si el aire mismo la sujetara. Y entonces...
    
    La criatura inclinó su masa oscura y separó sus mejillas traseras, no había boca, pero algo húmedo y frío se deslizó entre sus pliegues, como una lengüeta hecha de pura sombra viva. Laineth arqueó la espalda en un intento inútil de escapar, pero la criatura no se detuvo. La sensación era imposible. Demasiado real.
    
    No era solo frío... era electricidad, un placer retorcido que no debería existir, que la hacía gemir en silencio, que la obligaba a sentir, aunque su mente gritara "no, no, esto no está pasando" y entonces... La criatura presionó más hondo y Laineth sintió algo dentro de ella, invadiéndola, llenándola de una oscuridad que no era del todo sólida, pero que se movía.
    
    No podía evitarlo. Su cuerpo traicionero respondió, ardiendo, contrayéndose alrededor de nada y todo al mismo tiempo. Un gemido finalmente escapó de sus labios, un sonido ahogado, avergonzado, pero demasiado pleno.
    
    La criatura no se detuvo solo siguió hasta que Laineth perdió la noción del tiempo.
    
    Laineth jadeaba, su cuerpo aún convulsionando por los ecos del placer forzado que la criatura le había arrancado. La humedad entre sus muslos ...
    ... era vergonzosa, el colchón empapado bajo ella, pero nada comparado con el terror puro que la atravesó al mirar hacia arriba.
    
    La entidad se cernía sobre su cuerpo inmovilizado, su figura negra y ondulante como humo espeso. Y entonces lo vio: El miembro monstruoso no era humano no podía serlo.
    
    Era demasiado largo, grueso como su muñeca, con una textura que parecía cambiar entre carne y sombra, como si no estuviera completamente en este mundo. Y la cabeza… Dios, la cabeza, una protuberancia nudosa, como una piña de pino abierta, con crestas y espirales que brillaban con una sustancia oscura y pegajosa.
    
    Laineth gritó dentro de su mente, pero su boca seguía muda, su cuerpo paralizado y entonces… Descendió.
    
    No hubo más preparación. No hubo piedad. Solo una presión imposible, un dolor que la atravesó como un cuchillo al rojo vivo, seguido de una expansión grotesca. La criatura no empujó se desmaterializó dentro de ella.
    
    Como si ese miembro obsceno no fuera sólido, sino una masa viva de oscuridad que se derramó en su interior, llenándola más allá de lo que su cuerpo podía soportar, Laineth sintió que se desgarraba. Pero entonces… El dolor se transformó.
    
    Algo en esa oscuridad cambió la química de su cuerpo, convirtiendo la agonía en un placer retorcido, una lujuria que no era suya, pero que la inundó como una droga.
    
    No podía luchar. No podía negarse.
    
    Solo podía sentir, mientras la criatura se movía dentro de ella, cada una de esas crestas rozando puntos que no ...