-
Ganándome la vida con mi hija
Fecha: 18/03/2026, Categorías: Incesto Sexo con Maduras Voyerismo Autor: Veronicca, Fuente: SexoSinTabues30
Después de haber tenido una pareja que nos sustentaba económicamente a mi y a mi hija, y nos abandonara, nos quedamos solas cuando ella tenía apenas 10 años, por lo que tuve que arreglármelas como pude para salir adelante haciendo de asistenta en varias casas o limpiando por horas. Una de las casas a las que iba, era la de un señor mayor que vivía solo. Yo no tenía mucha experiencia en eso, más allá de las chicas que yo misma había tenido en mi casa para limpiar, cuando mi situación económica era más desahogada. Por eso, me llamaba la atención, que mientras hacía las tareas de la casa él estaba siempre detrás de mí mirándome o dándome conversación, lo que por una parte, hacía más ameno mi trabajo, pero también me sentía algo incómoda con sus miradas, sobre todo cuando tenía que ponerme en ciertas posiciones en las que mostraba más carne de lo normal. El señor me decía lo guapa que era y lo feliz que sería un hombre conmigo; que era una pena que él fuera tan mayor para proponerme una relación y que seguramente yo encontraría a algún hombre de mi edad que me agradara más, pero cuando tuvo más confianza, empezó a insinuarme que podríamos llegar a algún acuerdo para que yo le hiciera pasar buenos momentos a él y hacerle un poco más feliz, por lo que lógicamente me recompensaría con más dinero. Eso me causó un fuerte conflicto interior, porque yo no era de ese tipo de mujer, aunque la verdad, es que tampoco me había visto en la situación de hacer esas cosas, y ...
... pensando sobre todo, en poder cubrir todas las necesidades que tuviera mi hija, me sentí dispuesta a hacer lo que hiciera falta, y no se me iban a caer los anillos por ello, porque cuando a una madre se la pone en una situación límite, no sabemos como vamos a reaccionar, y podemos ser las primeras sorprendidas. La verdad es que el señor era muy educado y nunca se propasó conmigo sin tener mi consentimiento, así que poco a poco fui dejándole ver más partes de mi cuerpo mientras limpiaba su casa, con faldas más cortas, escotes o batas abiertas, hasta acabar quedándome prácticamente en ropa interior mientras trabajaba en su casa, por lo que me premiaba con buenas propinas que me venían muy bien por mi situación económica. De ahí pasó a las caricias de mis muslos, el culo y mis pechos que dejaba que masajeara a su voluntad. La situación también era excitante para mí y cuando me pidió hacerle una felación, yo ya estaba caliente y no me costó mucho trabajo hacérsela, algo que se fue convirtiendo en habitual, junto a masturbaciones u otras prácticas sexuales incluida la penetración, ya que a pesar de su edad conseguía las erecciones suficientes para ello, gracias a la renovada vitalidad, que según él, yo le había dado. Otra de las casas a la que iba, era de un matrimonio con hijos, en la que tenía bastante más trabajo que en la del señor solo, y aunque el marido de la señora, no hacía más que mirarme también, y en cuanto tenía ocasión de que no hubiera nadie delante, se ponía a ...