1. Me perdió el deseo


    Fecha: 19/03/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Mujeralia, Fuente: CuentoRelatos

    He sido siempre una persona reputada en el ámbito social en el que me instalé gracias a mi esfuerzo, mi suerte y mis artimañas. A pesar de proceder de una familia humilde, cuya cabeza, mi padre hablaba de valores como la honestidad y la honradez, yo salí de esa esfera precisamente porque consideraba esas ideas estúpidas.
    
    Estudié derecho y prosperé ejerciendo como abogado de empresarios corruptos y explotadores, políticos indecentes y gente de pelaje similar. Me casé con la hija menor de un industrial francés millonario y tuve con ella cuatro hijos, pues nuestro matrimonio funcionó bien en el tema de la descendencia, por lo demás Claudette, que así se llamaba mi esposa, y yo, nos manteníamos distantes entre nosotros, sobre todo al final y por ambas partes de forma intencionada. Eso nos satisfacía a ambos.
    
    Lo único que me procuraba placer en la vida era ganar dinero y alejarme de la vulgaridad en que te sume la carestía. Dinero procedente de mis ilícitos servicios a clientes inmorales, tan inmorales como yo.
    
    Sí, eso era precisamente era lo que me gustaba. Jamás fue el sexo para mí una prioridad, porque mientras mis clientes cerraban tratos en burdeles, yo me comía la cabeza en mi despacho aclarando documentos que nos eximiesen de una pena pecuniaria o carcelaria. Como contaba, Claudette y yo tuvimos cuatro hijos: André, el mayor, Jacques, el segundo, Marie, la tercera y Gustav, el menor de todos y con una marcada diferencia de edad con respecto a sus hermanos, pues su ...
    ... madre y yo lo tuvimos cuando éramos ya ciertamente maduros.
    
    Recuerdo que al nacer André la misma Claudette se ocupó de él, y cuando llegaron los medianos contratamos una niñera que los crio. La despedimos cuando crecieron y de ella no recuerdo ni su nombre. Finalmente nació Gustav cuya diferencia de edad con respecto a los mayores era sustancial; yo ya peinaba canas. Tuvimos que contratar a una niñera nueva, de lo cual se encargó mi esposa y una noche durante la cena me comunicó que ya había encontrado una, que aunque joven, tenía buenas referencias. No quise saber más.
    
    Al día siguiente, al regresar de la oficina, llegué a casa y me dirigí al dormitorio del pequeño Gustav. Al entrar para darle un beso a mi hijo, lo encontré en brazos de una chica joven de cierto atractivo. Mimaba al pequeño como si fuera su madre. La saludé aturdido y le pregunté su nombre: dijo llamarse Dalía. En mi interior admití que hacía tiempo que una mujer no me impresionaba de aquella manera, me gustó mucho y la constatación de ello fue que esa noche soñé con ella.
    
    Durante las semanas siguientes la busqué con la mirada hasta la extenuación y ella acabó dándose cuenta de que la amaba, o de que al menos, la deseaba; pero nunca intercambiamos unas palabras al respecto.
    
    Un sábado por la tarde, mi esposa salió con los hijos mayores para pasar un rato en un parque de atracciones. Dalía se quedaría cuidando del pequeño y yo supuestamente preparando documentos para causas pendientes de la semana ...
«12»