1. Me perdió el deseo


    Fecha: 19/03/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Mujeralia, Fuente: CuentoRelatos

    ... que iba a empezar. Me metí en mi despacho, pero sólo pensaba en ella. Me dirigí hacia la habitación de juegos y la encontré junto a Gustav cantándole una nana. El pequeño se quedó dormido y ella lo tapó con una mantita.
    
    —¿Quiere que le preparé algo en la cocina? —me preguntó susurrando para no despertar a Gustav.
    
    —Esa no es tu tarea Dalía.
    
    —No me importa hacerlo. ¿Un café, un zumo…?
    
    —Bueno, deja que te acompañe.
    
    Mientras Dalía preparaba un café para ambos, yo la miraba apoyado en el quicio de la puerta. La deseaba. Ella me miraba esbozando una imperceptible sonrisa a la par que preparaba las tazas, las cucharillas y el azucarero.
    
    —¿Por qué no lo tomamos aquí mismo? —preguntó.
    
    —Lo que tú prefieras.
    
    Al servir el café la cafetera se le volcó y el hirviente líquido negro se vertió sobre su falda. Me alarmé, pero ella me tranquilizó diciendo que no era nada, aunque al parecer un poco traspasó la tela quemándole la piel. La chica se apoyó contra la encimera y alzó la falda. Creo que no había visto nunca unas piernas tan bonitas. No le pasó nada, apenas una leve quemadura; pero me miró intensamente a los ojos. Tan solo restaba acercarme a ella y tomarla.
    
    Dalía se abrió ante mí ...
    ... como una flor. Mi erección fue total, como la de un chico de veinte años, por eso mismo, porque me sentí joven. Olvidé negocios, pleitos y demandas; olvidé el dinero, a mi mujer, sólo quise fundirme con mi amante, que abrazada a mí me susurraba al oído que la follase. Jamás nunca una mujer me habló así. Llegué al final en un polvo extenuante para ambos. Los alaridos de placer de Dalía fueron tremendos, tanto que despertó al pequeño. Tras el coito, en el que hubo intenso amor, todo pareció disiparse y volvimos a ser como desconocidos.
    
    Apenas dos meses después Dalía me dijo que estaba embarazada de mí y no lo puse en duda. Ya no valía atormentarse pensando si habría sido mejor poner remedio para evitar la concepción; un condón o acaso la marcha atrás. Fue tan hermoso que no mereció la pena. Di mis apellidos a una niña, Gracia, que era idéntica a mí. Esto me costó el divorcio.
    
    Quise emprender una vida con Dalía, pero ella se negó a formar pareja conmigo y pronto se largó con un empresario dueño de una cadena de discotecas costeras. Un chulo prácticamente. Entre Dalía y mi exmujer me extraen el dinero a montones. Creo que ya no hay remedio para mí en la vida; y todo por un polvo. ¡Pero qué polvo! 
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