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Dale tu zanahoria a mi conejo que está hambriento
Fecha: 19/03/2026, Categorías: Hetero Autor: Erospopuli, Fuente: CuentoRelatos
Realmente los pormenores de esta historia no interesan más que a la que suscribe. Si me decidí a escribirla es por una visión de solidaridad con las necesitadas, con las estrechas del mundo que como yo y por presiones sociales se embaucaron en aventuras sexuales a destiempo y con resultados a menudo desastrosos. Amiga mía, estrecha y tachada de frígida. Todavía no he dejado de pensar en los hombres como bestias sin alma y esta historia no es más que una experiencia agridulce. Quiero dirigirme a ti que seguro alguna vez te dejaste arrastrar por el camino salvaje de la vida. Aquí va mi experiencia pasando por el horno a baja temperatura. Mi descripción: alta, delgada, medio rubia, joven e inexperta, intelectual y reprimida, con una hermana putón. Me lancé a la vorágine y ahora estoy con su novio, que es como el de la Barbi, en alguna recóndita habitación, con unas copas de más y la conversación en su punto álgido…. —¿Cuánto tiempo llevas sin follar, Carmen? —Sólo tienes que mirarme el conejo. Porque este puede revelar el tiempo que hace que ha aceptado la penetración de un pito. ¿Eres tan experto, ligue de mi hermana? —Una idea estupenda, chiquilla —dijo Jonás el ligón, sonriendo. Me apoyó en la cabecera de la cama, me volvió a levantar la falda casi hasta el cuello y me bajó las bragas. Sus dedos escarbaron en mi vagina. Localizó la pepitilla e intentó morder uno de mis pezones. —¿Sólo quieres comprobar cuanto llevo sin chingar? Él me estaba abriendo ...
... los labios mayores acercando su cabeza mientras me expandía la puerta chochil. —La sequedad de tus mucosas es bastante reveladora. Yo diría que sólo has jodido unas pocas veces y que de eso ya hace bastante. ¿Deseas repetirlo? —Pues claro, dale tu zanahoria a mi conejo que está hambriento. Acto seguido, Jonás sacó de sus pantalones un enorme rabo. Me quedé sin aliento. Por unos instantes me volvió todo el miedo que sentía por los hombres. Además, lo aproximó a mi boca… ¿Es que pretendía que yo se la besara? Me la introdujo entre los labios, y yo me puse a mamarla como lo haría una chotilla en las tetas de una vaca, también utilicé las manos para palpar sus cojones. Mi aliento, mi saliva y mi instinto femenino se cuidó de aquella estaca. Al mismo tiempo Jonás se conformaba con mantener bajas mis bragas, para seguir examinando mi culo. De pronto se le ocurrió introducirme un dedo en el agujero del ano. Di un salto, asustada por el escalofrío de placer que cruzó mi cuerpo igual que un relámpago. No supe si se debía al mango que tenía en la boca o al “supositorio” que acababan de aplicarme. Jonás me la sacó de la boca y empezó a magrearme por la cintura, las nalgas y sobre todo por la rajita. Sin que el me lo pidiera, me engolfé hasta el punto de coger su pene y metérmela de nuevo hasta la garganta (sé que con mucha torpeza) . La excitación que sentía me permitió actuar con una evidente desenvoltura. Cuando estaba a punto de explotar entre mis labios me tumbó ...