1. La señora vecina


    Fecha: 21/03/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Erospopuli, Fuente: CuentoRelatos

    Me llamo Miguel y el gusto por esa señora comenzó a finales del verano del 2001. Estaba estudiando cuando me asomé a la ventana cansado de estudiar. Como a tres metros la observé dando la merienda a sus hijos, tan acalorada estaba que no llevaba nada debajo de la bata y con dos ojales sin abrochar, mostrando todo el regato del tetamen, y cuando se agachaba ¡hala!, el escote abierto de par en par, y la delantera, bamboleante como si tuviera vida propia, luchando por salir a tomar el aire.
    
    Pero hay algo más, me excitaban los sobacos de las mujeres; y mucho más si olían a sudor. Y la Mariana sudaba de los sobacos como no os lo podéis imaginar. Y de vez en cuando alzaba los brazos, suspirando, mostrándome impúdicamente aquella maravilla de sobacos húmedos, con unos pelillos que asomaban por la cortísima manga de su bata. Yo me la pelaba como un mono pensando en Mariana y me puse a observarla desde mi ventana en las noches de estudio.
    
    Lo mejor llegó en una cálida noche de junio. Eran las cuatro de la madrugada en el momento en que una brisa fría la hizo levantar de la cama para bajar la persiana. La luz de su cocina, era ella y no podía creer lo que veía.
    
    La contemplé por primera vez con un viso gris claro transparente, que dejaba ver su blanco sujetador y sus bragas del mismo color, en las que no sólo se apreciaba ese bulto del chumino sino que se descubría todo el triángulo negro.
    
    Estaba tomando un vaso de leche, cuando apareció su marido, Colocándose a sus ...
    ... espaldas y con las manos en sus caderas, le empezó a dar besos tanto en los hombros como en el cuello y los brazos,
    
    Ella ponía una cara sonriente y una boca abierta dando muestras de su goce, que más bien en aquellas partes eran escalofríos de placer. Después, sus manos se posaron en las tetas de su mujer, las cuales empezó a frotar, exprimir y acariciar. La despojó del viso, y erotizado por el gusto, le desabrochó el sujetador, dejando las tetazas al aire libre de la cocina.
    
    Después se fueron hacia su cuarto y yo me la meneé hasta correrme vivo en dos minutos. Sus bragas quedaron tiradas en el suelo y con su única visión me corrí como un poseso. Este hecho quedó guardado en mi memoria en espera de ser yo el que algún día ocupara el lugar de su marido, es decir, que mi polla entrara en aquel húmedo higo.
    
    Pasé mucho tiempo espiándoles y a mediados de julio me llegó la oportunidad. En la tienda del barrio, el tendero me preguntó si conocía a una señora con dos hijos que vivía en frente de mi piso. Le respondí que sí, y me dio su bolso del dinero, pues ella se lo había olvidado. Con mucho gusto decidí llevárselo.
    
    —Sí, ¿Qué quieres ?
    
    —Venía a darle el bolso que se ha dejado en la carnicería —le respondí nervioso.
    
    —¡Ah, sí, gracias! Pero pasa dentro que te daré una pequeña recompensa —me dijo, sonriendo muy agradecida.
    
    Cuando estuve dentro, todo se me hizo nervios y excitación, la dije que no tenía que darme nada.
    
    Se me acercó poco a poco, hasta que sus labios ...
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