1. La señora vecina


    Fecha: 21/03/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Erospopuli, Fuente: CuentoRelatos

    ... dieron con los míos. Al principio, no sentí nada; pero después un calor me invadió el cuerpo haciendo que mis brazos la estrecharan.
    
    Fue un beso largo. Me derretía ese placer que llegaba de la cabeza a los pies. Mi polla parecía explotar de lo dura que la tenía. Después de dos besos me moría de gusto por follarla, pero ella gemía:
    
    —¡Miguel, vale…! ¡Vale ya, sólo era un beso! Te digo… ¡Te digo que vale! ¡No… Noo… Nooo!
    
    Yo seguí besándola, sin poderme contener.
    
    -¡Así… ohhh… ¡Qué bien lo haces, ahhh… qué bien! ¡Venga… no seas tímido y acaricia mis pechos! ¡Ahhh!
    
    Por fin pude acariciar sus enormes melones, tan blancas en contraste con sus grandes pezones marrón oscuro.
    
    Con su teta en la boca y acariciando su culo, la puse a tope, le ofrecí tal placer que empezó a decir palabrotas y obscenidades mientras jadeaba:
    
    —¡Cabroncete, que me corro… ahhh!
    
    Empezó a mover la cabeza en todos los sentidos, vibró su cuerpo, se agarró a mis nalgas y apretó con fuerza mi polla contra su coño mientras se corría entre jadeos. No pude evitarlo y yo también me fui.
    
    Si nos hubieran visto: de pie, apretándonos el uno contra el otro, gozando cada uno manchado de sus distintos ...
    ... líquidos orgásmicos. Me entraron ganas de joderla; pero me agaché para lamerle el conejo. Tenía lefa por todos los sitios, en el pantalón, en sus bragas y en sus piernas.
    
    Cuando me dirigí a aquel sitio peludo, me agarró la cabeza y me dijo:
    
    —Soy tuya, hazme disfrutar con tu lengua; pero recuerda: ¡ nada de metérmela!
    
    Nos besamos, le comí las tetas; y me preparé en su coño metiendo la lengua hasta el fondo, haciéndola vibrar. Ella se apoderó de mi pito mientras yo le chupaba el semen derramado entre sus piernas y su almeja. El placer que me daba era casi imposible soportarlo. Sin apenas fuerzas para moverme me puse a lamer su clítoris hasta que dije:
    
    —¡Mariana… Mariana… para! ¡Que me llega! ¡Sácatela…sácatela! ¡Ohhh…! ¿Qué haces, que haces Mariana…? Así, así… ¡así! ¡Otra vez, otra vez… que me corro…! que va…! ¡Ohh… ohhh…!
    
    Me corrí en su boca y ella se bebió mi lefa. Yo agradecido le lamí el ano y así pasamos dos horas maravillosas.
    
    Follamos dos o tres veces más entre el otoño y el invierno con la misma pasión. Nunca la llegué a penetrar, porque el placer que me daba chupándome el nabo era tal, que olvidé hacerlo. Mejor diré que respeté sus ruegos de no metérsela… 
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