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La vida (2)
Fecha: 24/03/2026, Categorías: Gays Autor: ozkar55, Fuente: SexoSinTabues30
Joaquín (“Joaco”, para los amigos) tenía entonces alrededor de 16 años. Nunca supe porque él se había convertido en cliente del centro asistencial, no parecía tener ninguna dificultad para aprender, y se mostraba como un chico bastante educado y cordial. Pero las aguas calmas son las más profundas, dicen… Era el líder de una barrita de chicos de su misma escuela primaria (sí, con 16 cursaba séptimo, el mismo grado al cual iba yo con solo 12), a todos los cuales superaba un poco en edad. Pero no parecía importarle mandar, simplemente los demás lo seguían y él les permitía hacerlo. A través de ellos entendí un poco mejor a que lugar me había llevado el cambio de mis horarios: al centro asistencial iban chicos con problemas escolares, esos “repetidores” casi desconocidos en mi escuela. Así que, desde la hora de almorzar hasta casi el atardecer, estaba mezclado con chicos de una clase con la que nunca me había mezclado. Ellos se insultaban en broma (o no tanto) con un “¡¡¡Andate a la Reputa Madre que te pario…!!!”, que a mi me hacía poner colorado y soltar un “No se insulta a la madre…” que los hacía olvidar de sus entredichos y volcarse a burlarse de mi. Para mi suerte, Joaquín era de los mayores y respetado, el estar en su mesa y a su sombra me salvó de ser tomado como objetivo para todas las clases de burlas que allí se hacían. El siguiente en edad era Javier (“Javi”), de unos 15 años y con marcadas diferencias con Joaquín. Se podía notar que sentía celos por el ...
... predicamento que el mayor tenía y que, aunque no se atrevía a desafiarlo, las ganas de quitarle su posición de líder cubrían su horizonte. Le seguían dos hermanos gemelos, Daniel y Miguel, casi de quince años ya. Nunca supe con cual de ellos estaba hablando y al parecer solo los padres podían distinguirlos, lo que les servía para tomarnos el pelo casi a diario. Luego estaba Juan José (“Juanjo”, obviamente), de catorce recién cumplidos y cerraba el grupo (hasta mi llegada) Pedro, que se acercaba los catorce a grandes pasos ya. Perdón, olvidé algo importante: yo soy Roberto (“Beto” para los amigos), el menor, a punto de cumplir los doce y el “nene de mamá” (así me decían cuando querían molestarme) en proceso de incorporación a la barrita de Joaco. Los seis mosqueteros se volvían siete… Creo que en aquellos meses que compartimos solo conocí una parte de las cosas que los unían, otras quedaron ocultas para mi, principalmente por no compartir barrio ni escuela con ellos, sino solo las actividades del centro asistencial. Y no todas durante los primeros tiempos… Al provenir de una escuela “de pitucos”, no ser repetidor y ser el único de mi clase que almorzaba allí, nunca me sentí realmente cómodo. Ni procuraron ayudarme a lograrlo, excepto los de la barrita. Pero incluso allí Javi era un caso aparte, él parecía deleitarse molestando a otros y fui uno de sus más habituales y fáciles blancos, lo que me llevaba a tratar de interponer a Joaco entre nosotros, como muro ...