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Valentina y el fin de mi arromanticismo (1): El comienzo
Fecha: 26/03/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Tic tac, Fuente: CuentoRelatos
... mujer. —Sí, estoy bien. Fue mi sudadera. Está rota. Caminé hacia la puerta y la abrí. La mujer entró y cerró. Me miró y me dio las gracias. Me regresó mi mochila y miró mi sudadera. —Ay, perdón. Se te rompió la sudadera. —Sí, pero no importa. Me tengo que ir. La chica me tomó del hombro y me quitó la mochila rápidamente. —No, espera. Arreglaré tu sudadera. Solo le doy los medicamentos a mi papá y vuelvo contigo. Yo tenía tareas por hacer, así que le dije que me tenía que ir, pero ella insistió y terminé pasando a su sala con un pedazo de ropa colgándome hasta el piso. Después de unos minutos, la mujer regresó y me pidió la sudadera. Yo comencé a quitármela, pero recordé que solo traía una camiseta. —Disculpa, mejor así déjalo. De verdad me tengo que ir. La mujer se acercó a mí y me quitó ella misma la sudadera, o bueno, lo que quedaba de ella. —Lucas, ¿verdad? La mujer me miró mientras yo me cubría el cuerpo con mi mochila mientras la abrazaba con ambos brazos. —¿Perdón? —Lucas, Ese es tu nombre, ¿no? Para ese punto, me comenzaban a traicionar los nervios. —Aah, sí. La mujer tomó una aguja y un hilo y comenzó a arreglar mi ropa. —Nunca te he visto con una mujer. ¿Tienes novia? Sus preguntas me estaban comenzando a dar algo de miedo. —No, no tengo. —¿En serio? ¿Acaso eres gay o algo así? Apreté aún más mi mochila contra mi pecho. —No, eso solo que no tengo tiempo para eso. —Ooh, está bien, señor ...
... ocupado. —Bueno, yo tampoco la he visto con alguien. Al parecer, mi comentario había sorprendido a aquella mujer. —No, no tengo novio. He intentado tener varias relaciones, pero nunca he tenido buenos resultados. Pero entonces, ¿no has dado tu primer beso, Lucas? Soltó una pequeña risita que me causó ternura, pero que a la vez me molestó por su comentario. —Sí, solo que fue hace mucho tiempo. La mujer dejó el hilo y la aguja y se levantó del sillón en el que estaba sentada. —Mira, Lucas. Tu sudadera no tiene arreglo. Así que te la voy a pagar. Caminó hacia una habitación y regresó con dinero. —Toma. Estiró su brazo para entregarme el dinero. —¿O prefieres que te pague con mi cuerpo? Nuevamente dejó ir otra risa de sus labios, solo que esta vez era una risa mucho más marcada. —¿Qué? No, no. Así está bien. Le rechacé el dinero y me puse de pie. Salí de su sala rumbo a la puerta, pero ella me volvió a detener y me dio la vuelta, solo que esta vez se puso de rodillas y comenzó a olerme debajo de mi estómago, así, sobre la ropa. —¿Qué está haciendo? La mujer no dejaba de olerme, solo que me esta vez podía sentir sus dientes mordiendo mi pantalón. —Espera, Lucas. Quiero verlo. Mi corazón estaba a punto de salirse de mi cuerpo. Solté mi mochila y cayó al suelo. Comencé a desabrocharme el cinturón y desabroché mi pantalón. La mujer nuevamente comenzó a oler mi bóxer, pero está vez podía sentir su respiración caliente sobre mi ...