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La que vivía entre la ropa sucia
Fecha: 30/03/2026, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Faridlmm07, Fuente: CuentoRelatos
... acercarme del todo. No era suave. Era fuerte, directo, brutal. Y me hacía latir por dentro. Me acerqué. Lentamente. Saqué la lengua, primero rozándola. Ella jadeó leve, como si le sorprendiera que realmente lo hiciera. Después, la lamí con más fuerza, profundo, sintiendo el sabor amargo, la textura de los pelitos mojados, el calor. Ella soltó un suspiro entre mezcla de risa y lujuria. —Estás más loco de lo que pensé… —Y tú más rica de lo que imaginé. Me pasé al asiento del copiloto, subiéndome encima de ella, sin quitarle los ojos de encima. Le sujeté la muñeca y la dejé con el brazo levantado, expuesta, vulnerable. Volví a chuparla, más fuerte, ahora metiendo la nariz, embriagándome con ese olor que me volvía salvaje. Me frotaba por encima del pantalón, sintiendo que estaba a punto de estallar. —Hueles a puro pecado, —le susurré en el oído. Ella rio, entre perversa y sorprendida. —Nunca pensé que a alguien le calentara esto… —No soy alguien. Yo soy el que te va a tratar como la perra que eres, si tú lo quieres. Ella se quedó seria un segundo. Luego asintió. —Quiero. La tomé del cuello con suavidad, firme. Le pasé la lengua por el cuello, bajé hacia su pecho, ahí donde los pezones marcaban la camiseta sucia como dos armas cargadas. —¿Y si te pido que me la chupes aquí mismo…? —le dije en voz baja, casi como una orden. Ella se relamió los labios. —¿Y qué gano? —Lo que tú quieras. Dinero, comida, un baño, una cama… o más de ...
... mí. Ella se agachó, despacio. Me bajó el cierre con la lengua afuera. —Entonces quédate quieto… y déjame ganármelo. Y ahí, dentro del coche, en medio de la calle silenciosa, el interior se llenó de sus movimientos, su boca húmeda, sus sonidos prohibidos. No era amor. Era necesidad. Lujuria. Un encuentro sucio entre dos almas rotas, donde por unos minutos, el asco se volvió deseo… y la calle fue un altar de pecado. Ella seguía entre mis piernas, como si chuparme fuera su forma de sobrevivir. Me miraba desde abajo con los ojos encendidos de deseo y malicia, su boca dejándome empapado, babeando sin pudor, como si cada lamida fuera un desafío. —¿Así te gusta, degenerado? —me dijo, con la voz ronca, escupiéndome despacio mientras su mano se deslizaba con fuerza. Su saliva chorreaba, caliente, sucia, perfecta. —Más. Dámelo todo, perra —le respondí, sujetándole el cabello con una mano y presionando su cabeza contra mí con la otra. Y ella lo hizo. Se lo tragó sin miedo, sin piedad. Me estaba drenando, deshaciendo, volviéndome nada con la boca. Cuando por fin paró, jadeando, con el rostro lleno de lo que quedaba de mí, la miré con una sonrisa torcida. —Quítate los pantalones —le ordené. Ella lo hizo, sin una sola palabra. Obediente. Entregada. Una puta sin reglas, hecha para mí. Me recosté hacia atrás, abriendo más las piernas, dejándome al descubierto, sin vergüenza. —Ahora ven… termina el trabajo. Baja la cabeza. No pares hasta que te diga. Ella ...