1. Mi suegro es un cerdo (1)


    Fecha: 01/04/2026, Categorías: No Consentido Autor: Marisanin, Fuente: TodoRelatos

    ... Anita. A Luismi le hemos prometido que no le vamos a contar nada a nadie, porque sabemos que tú te vas aportar muy bien.
    
    Don Ramiro me mostró fotos mías desnuda en posiciones más que sugerentes y un vídeo en el que Luismi y yo follábamos en la piscina del chalé.
    
    —Y mira este, Anita. A mí me encanta.
    
    Ahí estaba yo haciéndole una mamada descomunal a Luismi.
    
    —No se te da mal, ¿eh, guapa?
    
    —¿Qué pretende, don Ramiro?
    
    —Solo que lo pasemos bien todos. Y no me llames de usted, mejor tuteame ahora que vamos a follar con frecuencia.
    
    —Usted no sabe lo que dice.
    
    —Vamos, vamos, Anita. Si no quieres perder esta mansión y esta vida de lujo que llevas vas a tener que portarte bien conmigo y sin rechistar.
    
    —¿Qué quiere, don Ramiro?
    
    —Ya te lo imagina. Quiero follarte a mi manera.
    
    —Ni lo sueñes.
    
    —Verás que bien te lo pasas conmigo. Estoy loco por disfrutar de una mamada como esa del vídeo.
    
    —Usted qué se ha creído, don Ramiro.
    
    —Venga, venga, ven aquí a mi lado que te voy a tocar un poco el chochazo para que te vayas poniendo a tono.
    
    —No voy a hacer nada de lo que dice. Larguese de mi casa.
    
    —Tú sabrás lo que haces. Aquí tengo estos vídeos y el chat de mi hijo. Solo tengo que hacer un clic. Tú decides.
    
    —Eres un chantajista.
    
    —Y además soy muy cerdo y morboso. Lo vas a comprobar y te gustará.
    
    Yo estaba sin palabras, enfadada, atrapada en aquella situación. No quería cometer errores y que aquellos vídeos acabasen en el móvil de mi marido. ...
    ... Don Ramiro tenía razón: vivía como una reina con la tarjeta de Eduardo siempre a mi disposición. Decidí seguirle el juego.No me quedaba otra opción.
    
    —Aquí, aquí, a mi lado, guapa. Pero primero quítate las braguitas.
    
    Le miré con ojos de odio, pero me las quité. Yo llevaba un vestidito veraniego corto con botones por delante desde el cuello hasta abajo. Me pidió que me desabrochase todos y me quitase el sujetador. El me miró como si fuera un manjar. Me senté a su lado en un tresillo sin mirarle.
    
    —Abre un poquito las piernas que te pueda tocar bien ese chochazo caliente que tienes.
    
    —Eres un cerdo.
    
    Empezó a acariciarme despacito, primero con un dedo, lo pasaba suavemente por los labios de mi chocho, me acariciaba el clítoris. Luego con dos dedos, con el canto de la mano, con los nudillos, de arriba abajo. Con la palma de la mano aplastándome todo el chocho, suavemente, con más dureza, con movimientos rítmicos. Me follaba con los dedos, con dos, con tres.
    
    —Como se te humedece el coño, te estás poniendo cachonda.
    
    —Eso te crees tú.
    
    Se reía y seguía. Yo ni le miraba, tratando de mostrarme indiferente. Apretaba los dientes, pero mi chocho me delataba.
    
    —Si estás chorreando. ¡Qué delicia!
    
    Su mano entera recorría mi chocho, como un pulpo. Oleadas de deseo subían por mi cuerpo. Era irresistible. No quería, pero suspiré, jadeé.
    
    —Verás como así te gusta más.
    
    Se arrodilló, se metió entre mis piernas y me besó el coño, luego su lengua entró primero como una ...