1. Mi primer trabajo


    Fecha: 03/04/2026, Categorías: Sexo en Grupo Autor: Kralik89, Fuente: CuentoRelatos

    Cuando al fin obtuve mi título de abogado no me sorprendió conseguir empleo rápidamente. Había obtenido la medalla de oro en la Universidad y eso, como bien imaginarán, me permitió hasta el lujo de descartar alguna propuestas.
    
    Pero me decidí por Marcó-Pezuela-Salerno, porque era conocido en el ambiente como el mejor bufete de Madrid. Una sólida organización con 60 años de reconocida trayectoria.
    
    Digo reconocida, aunque no muy limpia. No faltó quien me avisara que ese estudio era conocido en el ambiente jurídico por la defensa exitosa de algunos personajes de sórdido prontuario.
    
    No me importó. Ganaría mucho más dinero allí que en puestos similares de otros bufetes y, mi responsabilidad como abogado nuevo serían harto limitadas. Mi plan era embolsar la suficiente experiencia y dinero como para en cinco años poder abrir mi propia oficina.
    
    Desde mi primer día comprendí que la imagen tradicional del lugar estaba bien justificada.
    
    Desde la arquitectura, de mediados del siglo XX pero exquisitamente conservada, hasta el silencio de museo imperante durante las horas de trabajo, pasando por la conservadora moda que exhibía tanto el plantel de abogados como las secretarias.
    
    Hace 5 años de esto que relato, yo contaba entonces con 24 primaveras y un cuerpo moldeado por la vida deportiva y disciplinada que siempre había llevado. Les diré de mí que soy alto, mido cerca de 1,9 metros, ojos verdes y llevo mi cabello castaño muy corto y muy formal.
    
    Pero no soy un ...
    ... marciano. Me gustan las mujeres como a cualquiera y un buen whisky de tanto en tanto no escapa a mis expectativas.
    
    Empecé a trabajar en un puesto de baja responsabilidad, aunque me asignaron un despacho pequeño, confortable y lujoso.
    
    Durante unos seis meses me esforcé por cumplir mis obligaciones laborales y sociales.
    
    Jamás hablaba en las reuniones internas a menos que se me preguntara y solo si tenía algo incuestionable que decir.
    
    Cumplía en tiempo mis trabajos, pocas veces alguien me tuvo que observar por faltas de forma y jamás por fallas de fondo.
    
    Asistía a las reuniones sociales que brindaban los Marcó o los Pezuela o los Salerno en sus espléndidas mansiones.
    
    Eran fastuosas y de rigurosa etiqueta.
    
    Asistían abogados y clientes importantes. Miembros del gobierno y del parlamento. También acaudalados banqueros y empresarios.
    
    Yo me movía entre ellos con comodidad y en silencio. De tanto en tanto opinaba cuando estaba seguro que mis palabras eran las justas y eso me iba haciendo conocido y respetado.
    
    Como generalmente asistía solo por ser soltero, me dedicaba a mirar las esposas ajenas y a valorarlas.
    
    Eran señoras despampanantes que solo vivían para cuidarse. Enjoyadas y de cuerpos esculturales.
    
    Especialmente la señora Marcó.
    
    De inmediato me fijé en ella con todo el cuidado por el peligro que implicaba ser descubierto en el acto de observar demasiado.
    
    Marcó rondaba los 70 años, pero Pilar Marcó apenas parecía superar los 40.
    
    Esa diferencia de ...
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