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Por fin consigo hacerte mía a pesar de tu novio
Fecha: 14/04/2026, Categorías: Infidelidad Autor: CornerOnTheNet, Fuente: CuentoRelatos
—Caray, ¡qué rápido eres! —¿A qué quieres que espere? Sabía que iba rápido. Que iba a saco. Pero no me importaba. Sentía en mí la soberbia del que sabe que no va a ser rechazado. Habíamos dado un largo paseo hasta llegar a aquel parque escondido. Nos sentamos en aquel banco tan poco iluminado, después de que ella rechazara otro banco porque le llegaba de pleno la luz de la farola. A mí me daba igual. Sabía que desde que nos sentáramos iba a ser mía. No me importaba el sitio. —¡Me encanta como besas! —Ya. —Sabes que me siento mal haciendo esto, ¿verdad? —¿Por? —Sabes muy bien por qué. Tengo novio, y sabes que lo amo. Pero te aprovechas de que está lejos y de que me pones muy cachonda. —¿Y eso es malo? —Sí, porque me hace sentir mal. —Pues no me beses. Es tan fácil como eso —dije retirando mis labios un poco hacia atrás. Ella no tardó en agarrarme de la camisa y colocar mis labios sobre los suyos. —Es que me vuelves loca. —Piénsalo, no hacemos nada malo. Tú quieres a tu novio. Y necesitas sexo, lo sabes. De mí no te vas a enamorar, porque lo único que hay entre los dos es atracción. Así que déjate de darle vueltas a la cabeza y déjate llevar. No me hizo falta mucho más para que Bea se dejara llevar. Poco después ya no se oía una voz en aquel banco. Las dudas habían quedado sepultadas por nuestros besos y nuestras manos. Fernando ya sólo era un recuerdo nebuloso en la cabeza de Bea. Instintivamente mis manos fueron a parar a ...
... sus pequeñas tetas. Sabía que aquello le volvía loca, y yo estaba comenzando a sentirme muy cachondo. Que le sobara las tetas con aquel descaro estaba empezando a encender a Bea que empezó a emitir unos pequeños gemidos como apagados… —¡Me vuelves loca, cabrón! —Eres una puta Bea. ¿Qué crees que dría Fer si te viese aquí, tirada en este banco y siendo manoseada por un casi desconocido? —No le gustaría, eso seguro. —Eres mi puta Bea. Lo sabes. Y me pones muy cachondo. —Ufff Después de haberle comido la oreja, aproveché para soltarle el pequeño lazo que sostenía su pequeño traje blanco a su cuello. —¿Qué haces? ¡aquí no! —Shhh. No te he pedido opinión… —Pero aquí nos van a ver. Por favor, espera. Pero a esas alturas yo ya estaba mordisqueándole los pezones. Me encantaba jugar con aquellas tetas. Eran pequeñas pero perfectas. Y su piel era muy suave. —Mmm, por favor para. ¡dios… sí! —Tus tetas me vuelven loco, Bea. —Sigue comiéndotelas, Santi… mmmm. Mientras mi boca se afanaba en devorar cada poro de las tetas de Bea, mi mano se deslizó hacia su coño. Estaba caliente. Mucho. Y la humedad no dejaba dudas. Sus gemidos eran cada vez más intensos. En ese momento Bea aprovechó para manosearme el paquete por encima de los vaqueros. —¡Que dura la tienes! —¡Cómetela! —¡Ni hablar! —¿No? —pregunté mientras comenzaba a desabrochar los botones. —No sigas… —¿Por? —No sigas… dios, la tienes enorme hijo de puta. Mírala. Es ...