-
Una madrastra insaciable (16)
Fecha: 15/04/2026, Categorías: Incesto Autor: Gabriel B, Fuente: TodoRelatos
... despacio, sin decir nada. Baja la cabeza, levanta la cadera. Queda en pompa. Su trasero parece esculpido para el pecado. Las piernas abiertas, los brazos estirados, el cabello desparramado sobre la almohada. Y yo ya no puedo más. Abro el frasco. El gel es espeso y frío. Lo aplico primero sobre mi verga, desde la base hasta la cabeza, con movimientos lentos, controlados, casi ceremoniales. Después me acerco a ella. Acaricio con una mano su nalga. Con la otra le aplico gel en el ano. Cuando termino, hundo el dedo, y compruebo que se introduce con mucha más facilidad de lo que lo hizo en el baño. Ella se estremece. No dice nada, pero su espalda se tensa, como si el cuerpo intentara resistirse a pesar del permiso. La masajeo con cuidado, con movimientos suaves, circulares, dejando que el frío del gel se transforme en calor con la temperatura de su piel. Ella gime. Es apenas un susurro, pero está ahí. Me acerco. Me arrodillo detrás. Apoyo apenas la cabeza de la pija en la entrada de su culo, con delicadeza. Ella se encoge un poco, se tensa, como si temiera lo que viene. —Esperá… Acordate. Despacito… —murmura sin mirarme. —Obvio. Apoyo otra vez. Hago presión, mínima. El glande se hunde unos milímetros. Ella gime, aprieta las sábanas. La espalda se arquea. —¿Ahí? —pregunto. —Sí… —dice con los ojos cerrados—. Así está bien… solo un poco más… Empiezo a avanzar. Hago presión con un corto movimiento pélvico. La verga se entierra centímetro a centímetro. Por ...
... fin estoy adentro de ese glorioso orto. El morbo hace que cualquier sufrimiento se esfume, al menos por ahora. Me hundo un poco más, y entonces encuentro resistencia. Ella está tensa, pero no se aparta. Entonces empujo un poco más. Amarai gime. Siento cómo sus músculos se relajan. El ano se dilata levemente. La agarro de las caderas con firmeza. Empujo un poco más. Ella gime más fuerte, pero su posición no cambia. Como resiste, se la meto todavía más adentro. Observo ese punto justo donde mi pija se pierde en las profundidades de su culo. Es una imagen que nunca voy a olvidar. Veo también su espalda arquearse ante mi más mínimo movimiento. Su cabellera sacudirse, su rostro girando levemente para mirarme mientras la monto, sus labios separados en una mueca de placer. —Pensé que solo iba a entrar la cabeza —le susurro, jadeando. —Yo también —dice ella, con un hilo de voz—. Pero seguí… duele… pero quiero más. Mi cabeza da vueltas. La sensación es demasiado intensa. Me detengo cada tanto. La acaricio, le beso la espalda, le muerdo los hombros, le chupo el cuello. Todo mientras voy clavándole mi pija en ese pequeño agujero que ahora está convertido en un hoyo tirante, casi elástico, que se adapta con mucha facilidad a mis penetraciones. Ella gime, y en ese sonido puedo notar tanto dolor como placer. Pero el placer debe ser mucho mayor al dolor como para que me pida que no me detenga. Le doy una nalgada, leve, como tanteando. Su cuerpo reacciona con un espasmo. Le ...