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Una madrastra insaciable (16)
Fecha: 15/04/2026, Categorías: Incesto Autor: Gabriel B, Fuente: TodoRelatos
... mejor… Y tampoco lo voy a hacer con Matías. Te lo prometo. —Quiero que hagamos algo que no hiciste con ninguno de ellos —le digo, como si no hubiera escuchado lo que me acaba de decir. Ella frunce el ceño, confundida por mi empecinamiento. —¿Qué cosa? —me dice. Me pongo de pie. La abrazo, la siento tibia, su piel suave. Bajo las manos hasta sus nalgas. Las llevo al centro. Mi dedo índice se hunde en esa profunda zanja. Con la punta, froto el ano. Como ella no me dice nada, ni se aparta, lo hundo unos milímetros. —Entregame esto —le susurro, no como una orden, sino como una súplica desesperada—. Entregame el orto. Hundo el dedo un poco más. Siento el calor, la presión en la Falange. Beso su cuello. Mi verga se aprieta en su abdomen. —Me vas a lastimar —responde. No se me escapa que no es una negativa. —No —le digo, y le acaricio el rostro con una ternura que contrasta con la obscenidad de lo que estoy haciendo con mi otra mano—. Lo voy a hacer con cuidado. Sé que le estoy prometiendo algo que no sé si puedo cumplir. Jamás tuve sexo anal con nadie. Mi experiencia solo se reduce a películas pornográficas en donde actores afroamericanos con vergas gigantes, las hunden en el culo de una pequeña rubiecita que lo soporta estoicamente. Pero sé que es la única manera de aliviar el vacío de mi corazón. Sé que no le entregó el orto ni a Matías ni a Lucas, porque ambos la tienen muy grande. Seguramente con papá sí lo hizo, en algunos momentos ...
... especiales, pero con ellos no. —La tenés muy grande… —me dice, haciéndose eco de mis propios pensamientos—. No basta con que tengas cuidado. Lo vas a tener que hacer muy despacio. Y vas a tener que parar justo donde te diga. —Lo voy a hacer —la aseguro. —Pero hacerlo así quizás no te resulte tan placentero. ¿No preferís cogerme por la vagina? —No. Quiero metértela en el orto —le digo. —Bueno, pero solo si me prometés que así no vas a sentirte triste. —No, no voy a sentirme triste. ¿Lo hiciste con mis hermanos? —¿Sexo anal? No —responde. —Bueno. Salimos del baño sin hablarnos. Ella camina delante mío, y yo aprovecho para palparle el culo. —No me canso de tocártelo —le digo, pellizcando más fuerte. —Aprovechá a hacerlo ahora que podés —me dice ella. Cuando entramos al cuarto de nuevo, ella va directo a la mesita de luz. Abre el cajón, saca un frasquito pequeño y me lo alcanza sin mirarme. Gel lubricante. Lo pone en mi mano como si fuera una ofrenda peligrosa, como si con eso aceptara algo que ya decidió dentro suyo. Me quedo quieto un momento, mirando el frasco, como si no supiera bien qué hacer con él, temiendo no saber cómo usarlo y quedar de nuevo en ridículo con ella. Ella se sube a la cama, moviéndose en cámara lenta, gateando sobre el colchón, asegurándose de regalarme una imagen perfecta de sus nalgas erguidas y de sus tetas suspendidas en el aire. Siento que mi verga palpita, lista para hundirse en ella. Amarai se pone en cuatro, ...