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Incesto y perversión (13) padre/hija
Fecha: 15/04/2026, Categorías: Incesto Autor: Gabriel B, Fuente: TodoRelatos
... reacción que provocaba, pues él se había quedado con la boca abierta, literalmente. —Estás loca… —susurró, pero ambos sabían que le encantaba su locura. Entonces, sin decir una palabra, ella giró sobre sus talones y caminó hacia la puerta principal. Mauricio tardó en reaccionar, porque ver ese cuerpito perfecto, tallado a mano, era demasiado hermoso. —¿A dónde vas? —le susurró. —¿Querés que lo hagamos acá, en el living, otra vez? —le dijo ella, mientras abría la puerta y salía al exterior. Él apagó la luz de la sala de estar, como si eso lo protegiera de algo en caso de que Virginia se despertara, y la siguió unos segundos después, con el corazón bombeando adrenalina. Al salir, vio su silueta corriendo desnuda, doblando, para irse a la parte del fondo. Él corrió, desesperado por apresarla y hacerla suya. Vio que la chica se dirigía a la pileta, iluminada apenas por la luna. Luego se metió en el agua por la escalera. Él comprendió que era para no hacer ruido. Emergió del agua con el cabello empapado pegado al rostro, respirando agitada pero con una sonrisa luminosa. —¿Qué hacés, nena? —preguntó desde la orilla. —¿No venís? —dijo ella, invitándolo. Mauricio miró hacia la casa, como si temiera que Virginia se apareciera por ahí. Aún tenía tiempo de poner un límite a esa locura. Ni siquiera era necesario dejar de cogerse a su hija. Solo bastaba con que ella entendiera que debían buscar lugares más apropiados para algo tan prohibido como ...
... eso. —No va a venir —dijo Lulú de repente, con una convicción extraña, como si supiera cosas que él no. De alguna manera, él confió en su palabra. Se quitó la remera y el calzoncillo y los dejó sobre la reposera, quedándose completamente desnudo. Ahora sí, ya no había vuelta atrás. Si alguien los veía desnudos, a las tres de la mañana en la pileta, sería difícil explicar qué demonios estaban haciendo. El aire nocturno lo rozó como si le estuviera contando un secreto. Entonces, sin prisa pero sin pausa, se acercó al borde y bajó por la escalerita metálica. Lulú lo miraba desde el agua, con los ojos brillándole más que nunca. Estaba admirada de ver a ese hombre tan masculino comportarse como un adolescente por ella. Vio los músculos marcados de su cuerpo. Eso, y la barba frondosa le daba un aspecto de dios griego que siempre hacía que se le mojara la bombacha. Vio también su poderosa verga, ya casi totalmente erecta, sacudiéndose suavemente mientras caminaba. Luego él se sumergió con lentitud en el agua, su cuerpo perdiéndose entre los reflejos lunares que danzaban sobre la superficie. Ella sonrió con malicia y, sin decir nada, comenzó a nadar en la dirección contraria. Sintió enseguida cómo él la seguía, deslizándose bajo el agua como un tiburón silencioso. Las ondas del agua, sus risas ahogadas, y el murmullo de la noche componían una escena que parecía fuera del tiempo. Durante unos minutos lo esquivó con destreza, doblando en cada extremo, desorientándolo adrede, ...