1. Mi nombre es comemierda . Capítulo 3


    Fecha: 21/04/2026, Categorías: Dominación / BDSM Autor: siervadeLucas, Fuente: TodoRelatos

    Mi nombre es Comemierda 3: Entrenamiento anal
    
    Un lunes cualquiera, mi Amo me solicitó. Salí del trabajo dos horas antes, fingiendo una migraña repentina, para acudir a mi obligación cuanto antes. Al llegar a su apartamento, lo vi como siempre: sentado frente al ordenador, trabajando en sus cosas. Sin mirarme, dijo:
    
    —Prepárate y espérame en la habitación. Te voy a destrozar el culo. Tienes quince minutos.
    
    Mi dueño nunca me había penetrado analmente, y yo apenas lo había practicado más de dos veces en mi vida. Me puse nerviosa, pero me recordé a mí misma que solo sirvo para complacer y obedecer.
    
    Fui al baño y encontré una ducha anal y lubricante ya preparados. Jamás había usado una, pero me las apañé. En menos de los quince minutos establecidos, ya estaba sobre su cama, con medias, liguero, tacones y mi collar de perra: mi uniforme básico. Me coloqué a cuatro patas y esperé.
    
    Al cabo de unos minutos, mi dueño entró y sentí un fuerte azote.
    
    —Así me gusta, basura. Veo que vas aprendiendo modales básicos. Vamos a ver si este culo sirve para algo o si tengo que buscar otra puta que sí valga la pena.
    
    Mi Amo está bien dotado, y eso me hacía temblar. Intenté relajarme para que me doliera menos. Sentí sus dedos, untados de lubricante, entrando de golpe en mi ano, moviéndose, girando. Luego los sacó y apoyó su enorme miembro sobre mi entrada. Empujó, pero no entraba. Yo estaba nerviosa y mi ano no estaba acostumbrado, así que no cedía sin hacer mucha ...
    ... presión.
    
    Entonces retiró su polla y dijo:
    
    —Comemierda, recuérdame qué eres. —No soy nada, Amo. —¿Qué más eres, comemierda? —Soy un trozo de carne inútil. —Eso es. Y hoy, más que nunca, eres un trozo de carne inútil. Porque eres carne con agujeros para mi disfrute, y no disfruto si tengo que empujar con fuerza. Me duele, imbécil. —Perdón, Amo. Lo lamento muchísimo. —Cállate, tarada. Ponte de pie y túmbate sobre la mesa del salón, con el culo en el borde y sujetando las rodillas sobre el pecho. Me vas a hacer trabajar al final, retrasada, pero hoy vas a abrir ese agujero inservible para mí o me vas a buscar una puta que lo haga mientras tú miras.
    
    Obedecí. Me tumbé en la mesa de madera del salón, agarrándome las rodillas sobre el pecho. Entonces llegó él y me colocó la máscara de látex que solo tiene agujeros en la boca, de modo que no podía ver nada. Me sujetó las manos y las ató por encima de mi cabeza. Luego ató mis piernas abiertas, una a cada esquina de la mesa, dejando mi culo completamente expuesto en el borde.
    
    —Tu coño no me interesa, comemierda. A las mujeres se les folla por el coño, pero tú no eres una mujer. Eres un trozo de carne usable, y tu coño solo sirve para meter mi puño o azotarlo. Así que vamos a entrenar ese culo de puta estrecha hasta que mi polla entre con suavidad. ¿Lo entiendes? —Sí, mi Amo.
    
    Se retiró a la habitación y, al cabo de un rato, escuché sus pasos volver. Sentí cómo colocaba algo alrededor de mi ano.
    
    —Vamos a agrandarlo un poco para poder ...
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