1. Mi nombre es comemierda . Capítulo 3


    Fecha: 21/04/2026, Categorías: Dominación / BDSM Autor: siervadeLucas, Fuente: TodoRelatos

    ... trabajar mejor con él, ¿no te parece?
    
    De repente, una presión desconocida me invadió. Estaba usando un succionador para hincharlo. Sentí mi ano palpitar dentro de la bomba.
    
    —Venga, aguanta dos presiones más, puta. Tienes un culo muy estrecho y necesita mucho entrenamiento.
    
    Apretó la válvula dos veces más. Sentí cómo mi ano se abría hacia afuera.
    
    —Joder, eso es. Vamos a dejarlo así un rato para que se hinche bien. Entonces empezará lo bueno.
    
    Escuché sus pasos acercarse. Me agarró la cabeza y la dejó colgando del borde de la mesa. Sin previo aviso, empezó a follarme la boca. Apenas podía respirar, me daban arcadas.
    
    —No te quejes, puta. No vas a consentir que se me baje mientras inflamos ese culo, ¿verdad? Venga, traga, si es lo que más te gusta, cerda.
    
    Después de un rato, la sacó de mi boca y me dio dos bofetadas.
    
    —Esto, por tener arcadas. Mi polla siempre es un regalo para ti. No lo olvides.
    
    Me quitó el succionador.
    
    —Joder, esto sí. Se te ha puesto bien gordo, cerda, como un puto animal en celo.
    
    ¡Zas! El azote me hizo gritar. No me lo esperaba. Había cogido una de las palas y me golpeó directamente en el ano hinchado. El dolor era indescriptible; cada palpitación era un fuego vivo.
    
    —Dios, cómo me gusta, puta. Aguanta diez más. Cuenta cada uno y da las gracias a tu Amo.
    
    —Uno… gracias, mi Amo. —Dos… gracias, mi Amo.
    
    En el cuarto, se me cayeron las lágrimas y mis piernas intentaron cerrarse, pero estaba bien atada.
    
    —No, puta. ...
    ... Tenemos que entrenar este culo y no hay más camino que este. Sabes que lo hago por tu bien. Sigue contando.
    
    —Cinco… gracias, mi Amo…
    
    Al llegar al diez, mi ano ardía. Palpitaba y quemaba como nunca. Mi Amo se retiró. Lo escuché en la cocina, abriendo la nevera y buscando en los cajones. Al volver, preguntó:
    
    —¿Te arde el culo, puta? Vamos a enfriarlo un poco, que no digas que no te cuido.
    
    Sentí algo pequeño y duro golpearme en la nalga derecha, rápido. Luego en la pierna.
    
    —Estoy desentrenado, perra, pero no te preocupes, que tenemos toda la tarde para practicar mi puntería.
    
    Algo duro impactó ahora en los labios de mi coño. Entonces lo recordé: el tirachinas que había visto en la cocina. Me estaba usando de diana.
    
    ¡Zas! ¡Zas! ¡Zas! Golpes en mi coño, en mi pierna, en el clítoris.
    
    —Jajaja, ese ha debido doler, ¿no? Venga, puta, casi lo tenemos.
    
    De pronto, sentí algo meterse en mi ano a gran velocidad. Me contraje por reflejo. Algo duro y muy frío estaba dentro de mí.
    
    —Cágala, perra. La orden me pilló desprevenida. —¡Ahora, puta, vamos!
    
    Apreté hasta sentir cómo caía al suelo. Mi Amo lo recogió, vino hacia mi cabeza:
    
    —Abre la boca, comemierda.
    
    Obedecí. Algo frío y duro entró en mi boca. Sabía a mi propio cuerpo. Lo mordí. Era una uva. El cabrón me estaba disparando uvas congeladas con el tirachinas.
    
    —Ahora de mí. Haz honor a tu nombre.
    
    Se sentó sobre mi cara. Una uva salió de su ano y la lamí y comí con devoción. Sabía que eso era un ...