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Me violan por dinero
Fecha: 21/04/2026, Categorías: No Consentido Autor: nacho95mc, Fuente: TodoRelatos
... alzaba en su interior: cada vez que Marcus lo llenaba, una corriente de calor se extendía desde su vientre hasta su entrepierna. Miró hacia abajo. Su polla, esa que Clara adoraba, esa de diecinueve centímetros que siempre había usado con orgullo, estaba medio dura contra el potro, palpitando. Un gemido se escapó de su garganta, ahogado por el miembro de Kofi. No era un grito de dolor. Era algo distinto. “¡No! ¡No, no, no! No puede estar pasándome esto… Soy hetero… Tengo novia… Solo es por dinero…” Pero su cuerpo lo traicionaba. El dolor se desvanecía, y en su lugar aparecía algo que lo asustaba más: placer. El cronómetro avanzaba implacable: 1:12:40. Faltaba más de una hora. Y Javier ya no podía fingir que su cuerpo estaba en guerra consigo mismo. 📖 Capítulo 12 – El cuerpo traidor El cronómetro avanzaba lento, rojo e implacable: 1:12:40. El dolor había cedido terreno, y eso era lo que más aterraba a Javier. Con la boca llena, apenas podía respirar. La polla de Kofi entraba y salía con un ritmo constante, húmeda, brillante, marcándole los labios. El aire que conseguía robar entre embestidas estaba impregnado de sudor y de un olor fuerte, masculino, que lo mareaba. Detrás, Marcus lo sujetaba de la cintura como si fuera suyo, clavando cada vez más profundo, llenándolo con golpes secos que hacían temblar el potro. Pero en vez de gritar desgarrado como al principio, Javier ahora gimoteaba, lloraba, sollozaba con voz rota. —¡No! ¡No quiero! ...
... ¡Basta, por favor! —jadeaba cuando su boca se liberaba un instante. Pero sus palabras ya no tenían la misma fuerza. Eran súplicas vacías, apagadas por el temblor de su cuerpo. Fue entonces cuando Dwayne se inclinó hacia el frente del potro. Sonriendo, con los ojos brillando de excitación, apartó un poco a Kofi y bajó la mirada hacia el vientre de Javier. —Mírenlo… —dijo en voz alta, para la cámara—. El pijo está duro. Javier abrió los ojos como si le hubieran clavado un cuchillo. Bajó la mirada. Ahí estaba: su polla, erecta, palpitante, los diecinueve centímetros completamente erguidos contra el cuero del potro, brillando de sudor y preseminal. —¡No! ¡No es verdad! ¡No quiero esto! ¡No me gusta! —gritó desesperado, sacudiendo la cabeza. Dwayne rió a carcajadas, acariciando la polla expuesta con la yema de los dedos. Javier se estremeció como si lo hubieran electrocutado. —¿No te gusta, eh? Entonces, ¿por qué estás así? Kofi, aún sujetándole la cabeza, añadió con tono burlón: —Eres un hetero de diecinueve centímetros que se pone duro mamando polla. Marcus, detrás, aumentó el ritmo de las embestidas, haciendo que Javier soltara un gemido agudo, casi involuntario. —Escúchalo… —dijo, sonriendo—. Su boca dice que no… pero su polla lo dice todo. El chico lloraba, las lágrimas corriendo bajo el pasamontañas, su respiración entrecortada. “¡No es verdad! ¡No es verdad! ¡No me gusta! ¡Soy hetero! ¡Soy hetero!” Pero cada vez que lo repetía en ...