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Me violan por dinero
Fecha: 21/04/2026, Categorías: No Consentido Autor: nacho95mc, Fuente: TodoRelatos
... shorts, los boxers. Quedó completamente desnudo bajo los focos, su polla semierguida de diecinueve centímetros visible. Uno de los actores rió, señalándola: —Mira al niño pijo… trae buena herramienta, pero a ver si la controla. Javier apretó la mandíbula. Sabía que lo estaban grabando todo. Sabía que la cuenta atrás había empezado. Las correas de cuero se cerraron sobre sus muñecas y tobillos con un clic metálico. Ya no había esc apatoria. Frente a la cámara, la voz anunció: —Hora de empezar. Noventa minutos. 📖 Capítulo 5 – Los actores Cuando las correas se cerraron sobre sus muñecas y tobillos, Javier levantó la cabeza. Frente a él, bajo los focos, estaban los tres hombres que lo acompañarían en aquella “prueba”. El primero se presentó con voz profunda y acento latinoamericano: Marcus, 32 años. Era el más alto, fácilmente 1,95, con un cuerpo musculoso, de espalda ancha y brazos tatuados hasta el hombro. Su piel era negra brillante, el torso definido como una escultura. Pero lo que más impresionaba a Javier era lo que colgaba entre sus piernas: un pene monstruoso, de unos 28 centímetros, grueso como su antebrazo, que se balanceaba al andar como un peso imposible de ignorar. Marcus lo miraba con una sonrisa burlona. —Así que eres hetero, ¿eh? Vamos a ver cuánto te dura la pose. El segundo parecía más joven, de unos 25. Dwayne, originario de Londres. Tenía un físico de atleta, con abdominales marcados, brazos definidos y un rostro ...
... atractivo que habría encajado en una campaña de moda. Su actitud era distinta: juguetona, provocadora. Caminaba alrededor del potro como un depredador felino, sonriendo de lado. Su polla, más corta que la de Marcus pero no menos intimidante —unos 23 centímetros, recta, venosa, con el glande ancho—, apuntaba casi en horizontal mientras se acariciaba con calma. —Yo le voy a enseñar a este niño pijo a usar la boca —dijo riendo. El tercero, en cambio, imponía sin necesidad de hablar. Kofi, 29 años, de Ghana. Era el más corpulento: pecho enorme, cuello grueso, brazos como columnas. Su mirada seria intimidaba más que cualquier palabra. Caminó despacio hacia Javier y lo observó con calma, como evaluando un trozo de carne en el mercado. Tenía un miembro oscuro, descomunal, curvado hacia arriba, de al menos 26 centímetros, con venas marcadas y un glande brillante. Su sola presencia hacía que Javier se estremeciera. Los tres lo rodeaban ahora. Javier, con el pasamontañas puesto, se sentía como una presa atrapada, el centro de un ritual al que ya no podía escapar. La voz del entrevistador, desde la sombra, rompió el silencio: —Aquí tienes a Marcus, Dwayne y Kofi. Ellos harán lo que quieran contigo durante una hora y media. Si no te corres, treinta mil euros. Si te corres antes, diez mil. Marcus se inclinó sobre él, pegando su torso caliente contra la espalda de Javier. Le habló al oído con tono grave: —Noventa minutos, bro. Noventa minutos con nuestras pollas ...