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Yolanda y Roberto 5
Fecha: 22/04/2026, Categorías: Transexuales Autor: sumisso1978, Fuente: TodoRelatos
El sol de la tarde se filtraba a través de las ventanas del café, creando un ambiente cálido y discreto, perfecto para el plan que Yolanda había ideado. Roberto, con el corazón acelerado y las manos sudorosas, se sentó en una mesa apartada, vestido con un ajustado vestido negro que resaltaba sus nuevas curvas. El maquillaje que Yolanda le había aplicado con esmero realzaba sus rasgos, transformándolo en una versión feminizada de sí mismo. La peluca rubia, larga y sedosa, caía sobre sus hombros, completaba la ilusión. Se sentía expuesto, vulnerable, como si cada mirada de los extraños a su alrededor pudiera atravesar su disfraz y revelar su verdadera identidad. Yolanda, sentada frente a él, lucía elegante y segura con un traje ajustado que acentuaba su figura esbelta y su pecho generoso. Su polla, dura y prominente bajo la tela, era un recordatorio constante de su dominio. Sonrió con satisfacción al ver la incomodidad en los ojos de Roberto. —Relájate, cariño —murmuró con voz melosa, aunque sus palabras no tenían nada de tranquilizadoras—. Esto es solo el comienzo. Roberto tragó saliva, sus manos temblorosas jugueteaban con el borde de la mesa. Sabía que no había vuelta atrás, que Yolanda no se detendría hasta llevar su humillación al límite. —¿Lista para tu primera tarea, Roberto? —preguntó Yolanda, sacando un pequeño control remoto de su bolso. Roberto asintió, aunque su cuerpo se tensó al ver el dispositivo. Sabía lo que significaba: el vibrador anal que ...
... Yolanda le había insertado antes de salir de casa. Un juguete que ella controlaba a distancia, listo para activarse en el momento más inoportuno. —Muy bien —continuó Yolanda, su voz baja y seductora—. Quiero que te levantes y vayas al baño. Pero no cualquier baño, Roberto. El de hombres. Y allí, frente al espejo, te tocarás como la putita que eres. Recuerda, debes gemir, disfrutar... y asegurarte de que alguien te escuche. Roberto palideció, su mente se inundó de imágenes de lo que podría suceder. Hombres extraños, miradas de sorpresa, quizás incluso de desprecio. La idea lo aterrorizaba, pero también despertaba una extraña excitación en lo más profundo de su ser. —¿Y si... y si alguien me ve? —tartamudeó, su voz apenas un susurro. Yolanda sonrió, sus ojos brillaban con una mezcla de diversión y crueldad. —Eso, mi amor, es parte de la diversión. Ahora, ve. Y recuerda, estoy observando. Roberto se levantó, sus piernas temblorosas lo llevaron hacia el baño de hombres. Cada paso era una tortura, cada mirada que sentía en su espalda una puñalada. Al entrar, el sonido de la puerta al cerrarse resonó en sus oídos como un disparo. Se miró en el espejo, su reflejo le devolvió la imagen de una mujer, pero él sabía la verdad. Era un hombre, un hombre que estaba a punto de cruzar una línea que nunca pensó que cruzaría. Con manos temblorosas, se levantó el vestido, revelando la ropa interior de encaje negro que Yolanda le había obligado a usar. El vibrador, frío y duro, ...