-
Yolanda y Roberto 5
Fecha: 22/04/2026, Categorías: Transexuales Autor: sumisso1978, Fuente: TodoRelatos
... presionaba contra su entrada, un recordatorio constante de su sumisión. Se tocó, sus dedos temblorosos rozando la tela suave, y luego, con un suspiro, la apartó. El baño estaba en silencio, pero Roberto sabía que no estaba solo. Podía sentir la presencia de otros hombres en los cubículos, quizás incluso frente a los urinarios. Cerró los ojos, tratando de bloquear el mundo exterior, y comenzó a moverse, sus dedos explorando su cuerpo con una mezcla de vergüenza y deseo. —Oh... —gimió, su voz baja y ronca, tratando de controlar el volumen. Pero Yolanda no se lo permitiría. El zumbido del vibrador se activó, una pulsación suave al principio, que rápidamente se intensificó. Roberto jadeó, sus dedos se detuvieron, y luego, con un gemido, continuó, su cuerpo respondiendo a pesar de su mente. —Sí... oh, sí... —susurró, su voz más alta ahora, incapaz de contenerse. La puerta del cubículo vecino se abrió, y Roberto congeló, su corazón latiendo con fuerza. Pasos se acercaron, y luego, el sonido de agua corriendo. Alguien estaba allí, escuchando, quizás incluso mirando. —Joder... —murmuró Roberto, su voz quebrada, pero sus dedos no se detuvieron. El vibrador pulsaba con ritmo, guiando sus movimientos, y él se dejó llevar, su cuerpo traicionándolo, respondiendo a la estimulación con una intensidad que nunca había experimentado. —Oh, Dios... —gimió, su voz ahora un susurro ronco, mientras su cuerpo temblaba con un ...
... orgasmo que lo dejó sin aliento. Cuando finalmente se calmó, se ajustó la ropa, su rostro enrojecido y su cuerpo tembloroso. Salió del baño, cada paso una lucha, y se dirigió de vuelta a la mesa, donde Yolanda lo esperaba con una sonrisa triunfante. —¿Cómo te sentiste, Roberto? —preguntó, su voz cargada de satisfacción. Roberto se sentó, sus manos aún temblorosas, y la miró, su expresión una mezcla de vergüenza y excitación. —Humillado... pero... —titubeó, buscando las palabras adecuadas—. Pero también... excitado. No lo entiendo, Yolanda. No entiendo lo que me haces sentir. Yolanda sonrió, su mano acariciando la de él con una ternura que contrastaba con su naturaleza dominante. —Eso, mi amor, es porque estás aprendiendo a aceptar tu verdadera naturaleza. Y juntos, exploraremos hasta dónde llega. Roberto asintió, su mente en un torbellino de emociones. Sabía que Yolanda tenía razón, que este era solo el comienzo. Y mientras su corazón latía con una mezcla de miedo y anticipación, no pudo evitar preguntarse qué vendría después. La tarde caía, y el café se llenaba de gente, pero para Roberto y Yolanda, el mundo exterior había dejado de existir. Estaban en su propio universo, uno donde los límites se desdibujaban y la humillación se convertía en una forma de arte. Y mientras Yolanda planeaba su próximo movimiento, Roberto se dio cuenta de que, a pesar de todo, estaba listo para seguirla, dondequiera que lo llevara.