-
Lo que pasó sin planificar
Fecha: 25/04/2026, Categorías: Intercambios Autor: chocolatextra, Fuente: TodoRelatos
Desde la voz de Ariam La noche estaba tranquila. El apartamento de Bella y Rafa siempre tenía esa atmósfera acogedora que me hacía sentir en casa sin tener que esforzarme. El Negro y yo habíamos pasado a visitarlos como otras veces: cena ligera, charla suelta, algo de tomar y la costumbre de reírnos por cualquier tontería. No planeábamos quedarnos mucho, solo compartir un rato, reírnos como siempre, contarnos las cosas de la semana. Aunque, claro… había otra capa debajo de esa rutina. Desde que se abrió esa puerta entre nosotros cuatro, cada visita traía consigo un subtexto morbosamente dulce. Las miradas, los silencios, las piernas que se rozan al sentarse… todo parecía hablar en otro idioma. Esa noche habíamos hablado de sexo. De lo que habíamos disfrutado en el jacuzzy, de lo bien que se sintió vernos libres, sin juicio. El Negro y Bella estaban más sueltos que nunca. Se notaba. Y yo… yo me sentía observada. Animada. Como si algo dentro de mí quisiera jugar más. Soltar más. Me levanté al baño sin pensarlo mucho, aunque en realidad ya no tenía tanta necesidad. Tal vez solo necesitaba un pequeño escape del grupo, un momento para respirar. El baño de afuera estaba ocupado. Caminé por el pasillo, descalza, con el vestido corto de algodón que había traído puesto desde casa. Sin sostén. La tela rozaba apenas mi piel con cada paso, y eso me mantenía un poquito más alerta. Más consciente de mí. Al salir del baño, empujé la puerta de la habitación con ...
... suavidad. Rafa estaba ahí, solo, recostado contra la cama, mirando el televisor. No sé si me esperaba. Pero tampoco me sorprendió verle. Nuestros ojos se encontraron, y por un segundo nadie dijo nada. —¿Qué peligro dejarme sola contigo… aunque… ya no tanto, ¿no? —le dije, con una media sonrisa que me brotó sin filtro, sin pensarlo demasiado. Él sonrió. Esa sonrisa suya, calmada y segura.—Si te quedas un poco más… podría ser más peligroso aún —respondió con voz baja, sin moverse. Di un par de pasos y me senté en la cama, cruzando las piernas con naturalidad. Noté cómo su mirada bajó, rápida pero no disimulada. El vestido me subió apenas por el muslo, y lo dejé así. Él se acercó. No rápido, no invasivo. Solo lo suficiente para que su presencia me rozara la piel. Su mano tocó mi brazo como si fuera por accidente, pero no lo fue. Y entonces yo hice algo simple: le arreglé el cuello de la camiseta, como si fuera un gesto casual. Pero nuestros ojos se mantuvieron fijos. Sentí que su cuerpo se estremecía un poco bajo mi tacto. Y entonces bajó la mano, con calma, hasta mi cintura. El contacto fue suave, pero mi piel se erizó de inmediato. Y no pude evitarlo: me mordí el labio.—Qué rico es tocarte así… no sabes lo que me provoca hacerte —susurró. No respondí con palabras. Solo tomé su mano y la llevé hacia mi muslo, guiándola. Como si necesitara mostrarle que no tenía que pedir más permiso. Lo miré. Él me miraba también. Y por dentro… ya me sentía temblar. Cuando le ...