1. Lo que pasó sin planificar


    Fecha: 25/04/2026, Categorías: Intercambios Autor: chocolatextra, Fuente: TodoRelatos

    ... tomé la mano y la guié hacia mi muslo, supe que ya no había vuelta atrás. Su mano en mi muslo no era solo calor. Era permiso. Era intención. Era ese roce que me hacía recordar todo lo que ya habíamos compartido… y lo mucho que todavía podía pasar. Él entendió la señal sin necesidad de palabras, como si todo lo que veníamos conteniéndonos desde hacía semanas desembocara ahí, en esa habitación silenciosa, con la puerta apenas cerrada. Yo lo miraba sin vergüenza, sin prisa, con esa picardía que solo aparece cuando el deseo deja de dar miedo.
    
    Y él lo notaba.
    
    Su mano subió despacio, cálida, segura. El roce de sus dedos por el borde interior de mi muslo me hizo temblar. Me acarició con la yema de los dedos, subiendo apenas, despacio, como si recorriera un camino que ya conocía pero quisiera redescubrir. Sentí cómo mi respiración se volvía más corta. No era solo placer. Era esa sensación de saberme deseada, de sentir que podía soltarme sin culpa. Y entonces dijo algo que se me clavó suave, como un dardo lleno de fuego:
    
    —Me encanta cómo te sueltas así…
    
    Lo tomé como una invitación. Me incliné hacia atrás sobre la cama, levanté la cadera y dejé que él me ayudara a quitarme el vestido. Fue lento, como lo habíamos soñado antes. No como un arrebato, sino como un acto íntimo, casi ceremonial. Me miró como si fuera la primera vez que me veía desnuda. Y en cierto modo… lo era.
    
    Me quedé solo con el panty.
    
    Él me lo bajó con cuidado, besándome las caderas, el vientre, el ...
    ... centro del ombligo. Yo cerré los ojos y me dejé ir. Mis pezones ya estaban duros, y cuando sus labios llegaron ahí, sentí un temblor profundo, uno que me subió por la espalda y me hizo gemir bajito. Me ericé por completo cuando sus labios succionaron suvemente mis senos. Me los besaba con devoción, uno a uno, como si estuviera orando con la boca abierta sobre mi piel. Los lamía con lentitud, y luego me atrapaba el pezón con los labios, succionando apenas. Cerré los ojos. Mi cuerpo se arqueó solo.
    
    —No sabes lo rico que es esto… —murmuró.
    
    Solté un jadeo suave y le tomé la cabeza con ambas manos. Lo miré desde arriba. Estaba de rodillas, con el rostro hundido entre mis pechos, y la forma en que respiraba me hizo perder el aliento. Entonces lo tomé de los brazos, lo levanté con suavidad.
    
    Mis dedos bajaron por su pecho y buscaron el borde de su pantalón. Lo desabroché y lo ayudé a quitárselo, primero la prenda, luego el interior. Su pene salió firme, caliente, apuntando hacia mí, y no pude evitar rozarlo con los labios mientras me pegaba a él.
    
    Entonces me giró.
    
    Con firmeza. Me dio la vuelta y me colocó de espaldas a él, contra la pared. Sentí el frío de la superficie en mis pezones, contrastando con el calor que él emanaba detrás de mí. Me tomó de la cintura, pegando su pecho a mi espalda, y comenzó a besarme. Primero el hombro, luego la base del cuello. Luego bajó por mi espalda, con la boca húmeda y abierta, dejando un rastro invisible que me sacudía de placer.
    
    Su ...
«1234...»