-
La tradición de la familia Torres
Fecha: 28/04/2026, Categorías: Incesto Autor: Birkin1990, Fuente: TodoRelatos
La tradición de la familia Torres. La lámpara de sal del rincón proyectaba una luz tenue sobre la sala. El aire olía a lavanda y a algo más. Luis respiró hondo, sintiendo el familiar nudo de excitación y nerviosismo que lo embargaba cada jueves por la noche. El día de la Tradición. Al principio, le había parecido una locura, un tabú escalofriante. Ahora, años después, era el latido más fuerte de su semana. Avanzó descalzo sobre la suave alfombra. Allí, en el centro de la sala, arrodilladas sobre cojines de terciopelo granate y con las espaldas arqueadas de manera perfecta, lo esperaban. Tres mujeres. Tres siluetas que conocía íntimamente en la oscuridad y que ahora se ofrecían en una fila obscena y gloriosa. A la izquierda, Carmen, su suegra. Más allá, su cuñada, Elena, la hermana mayor de Sofía. Y en el centro, su amada Sofía, su esposa, el centro de su universo. Estaban quietas, en silencio, con sus nalgas al aire, ofreciendo sus anos como un tributo obsceno. La Tradición dictaba el orden: de mayor a menor. Luis se acercó a Carmen. Colocó sus manos firmes en sus caderas, sintiendo un leve estremecimiento bajo sus palmas. Ella emitió un suspiro ahogado, un sonido que era a la vez sumisión y aprobación. Se preparó, untándose con el aceite de almendras que siempre tenían listo para esta noche. La primera vez, había sido torpe, apresurado. Ahora conocía el ritmo, la presión exacta. Guiándose, penetró la entrada trasera de su suegra con una lentitud deliberada. ...
... Ella gimió, hundiendo el rostro en el cojín, y sus músculos se apretaron alrededor de él en una cálida y estrecha bienvenida. Luis cerró los ojos, concentrándose en la sensación, en el tabú que estaba transgrediendo con el permiso explícito de todas. Movió sus caderas con un ritmo pausado pero profundo, hasta que sintió el calor creciente en su base. No era el turno de derramarse aún. Se retiró suavemente. Carmen se desplomó sobre los cojines, jadeando. El turno era de Elena. Su cuñada era siempre más impaciente, más ardiente. Al acercarse, Luis pudo ver cómo se estremecía de anticipación. No esperó. La tomó con más fuerza, entrando en ella de una embestida que arrancó un gemido agudo y satisfactorio. Elena empujó hacia atrás, encontrando su ritmo, salvaje y demandante. Luis la sujetó de las caderas, el roce de la piel, la respiración entrecortada y el sonido húmedo de sus cuerpos unidos. Contuvo el aliento, conteniendo también su esencia a punto de estallar. Con un último empuje profundo, se retiró, dejándola temblorosa y satisfactoriamente vacía. Por último, Sofía. Su esposa. Su amor. Al posar las manos en la curva familiar de su espalda baja, sintió una oleada de emoción diferente. Aquí no solo había lujuria; había entrega, confianza, un vínculo que se fortalecía en lo prohibido. Se inclinó sobre ella, besando su hombro, murmurando palabras de amor que solo ella podía oír. La penetración fue diferente: lenta, reverencial, profundamente íntima. Y fue ahí, en la ...