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La tradición de la familia Torres
Fecha: 28/04/2026, Categorías: Incesto Autor: Birkin1990, Fuente: TodoRelatos
... arrodilladas sobre una manta, con la espalda arqueada y la cabeza gacha, estaban Carmen, su suegra, y Elena, su cuñada. Ambas vestían sólo batistas finas, que yacían abiertas y caídas a los lados de sus caderas, exponiendo sus espaldas y la curva de sus nalgas a la luz tenue. Entre ellas, un espacio vacío, claramente destinado a Sofía. —Dios mío —murmuró Luis, sintiendo que las piernas le flaqueaban. No era una pesadilla. Era real. Sofía se soltó de su mano y, con una mirada llena de una emoción indescifrable, se dirigió al lugar vacío. Se arrodilló, se dejó caer hacia delante con una gracia que le partió el corazón a Luis y dejó que su propio camisón de seda se abriera, ofreciéndose igual que las demás. Tres mujeres. Tres pares de nalgas al aire. Una ofrenda silenciosa y obscena. —Luis —dijo su suegra, Carmen, con una voz que era sorprendentemente serena, aunque cargada de una tensión eléctrica—. Bienvenido a la familia. La tradición debe consumarse. El orden es de mayor a menor. Su mente gritaba que huyera, que se negara. Pero sus pies estaban clavados en el suelo. Y en el profundo de su ser, una parte prohibida de él, una que apenas reconocía, se sentía increíblemente excitado por el tabú, por la rendición total que veía ante él. Con movimientos torpes, como si estuviera en un trance, se acercó. El aroma de las velas, mezclado con el perfume de las tres mujeres, era embriagador. Se detuvo detrás de Carmen. Sus manos temblaban al posarlas en sus ...
... caderas. Ella estaba caliente, su piel suave como la seda. Ella contuvo el aliento. —Hazlo, Luis —susurró Sofía, animándolo—. Completa el ritual. Cerró los ojos, abandonando la lucha. Guiándose a ciegas, encontró la entrada. Fue torpe, un poco forcejeante, hasta que de pronto cedió y él se encontró dentro de la calidez increíblemente ajustada de su suegra. Ella gimió, un sonido ahogado y cargado de una vergüenza que solo excitaba más. Luis se movió, mecánicamente al principio, luego con un fuego creciente que anulaba todos sus pensamientos. Se retiró justo a tiempo, jadeando. Luego, Elena. Su cuñada se estremeció violentamente al primer contacto. Su entrada era más estrecha, más resistente, y el gemido que soltó cuando finalmente la penetró fue agudo, casi de dolor, pero luego se convirtió en un susurro de "sí...". Fue rápido, intenso, un torbellino de sensaciones que lo llevaron al borde. Y, por último, Sofía. Al llegar a ella, a su esposa, una oleada de emoción lo inundó. Esto era diferente. Esto era amor. La penetración fue más suave, más profunda. Ella empujó hacia atrás contra él, gimiendo su nombre. Y fue en su interior, en el templo de su matrimonio, rodeado por el eco del tabú recién consumado, donde Luis finalmente estalló. Con un gruñido gutural, liberó su esencia, llenando a su esposa en pulsaciones largas y catárticas, sellando un pacto que nunca había imaginado. Al terminar, cayó, exhausto, confundido, y transformado para siempre. Las tres mujeres se ...