1. Cuando pasaba por un momento de mala racha descubrí el tipo de relación que tenia mi hermana con su hijo


    Fecha: 02/05/2026, Categorías: Incesto Infidelidad Sexo en Grupo Autor: lordlunatico, Fuente: SexoSinTabues30

    ... copas de whisky en un bar estaba algo tomado pero lo suficiente cuerdo para darme cuenta que debía parar ya que no me podía dar el lujo de gastar a lo loco. Así que regresé a casa de mi hermana. Al entrar a la casa, noté que las luces del pasillo estaban apagadas. Me dirigí a mi habitación, tratando de no hacer ruido. De repente, escuché un gemido que provenía de la habitación de mi hermana. Me detuve, confundido. Los gemidos continuaban, y me di cuenta de que eran de placer. Curioso, me acerqué sigilosamente a la puerta entreabierta de su habitación. Lo que vi me dejó sin aliento.
    
    Enrique estaba encima de mi hermana, moviéndose rítmicamente en posición de misionero. Mi hermana, con los ojos cerrados y una expresión de éxtasis, se aferraba a las sábanas. Mientras Enrique la besaba en el cuello Los dos estaban completamente desnudos, Enrique apoyó ambas manos en el colchón y mi Hermana levantó más las piernas permitiendo que su hijo la embistiera más fuerte y el sonido de sus cuerpos chocando sonaban en la habitación. La escena era tan erótica que me sentía como un intruso, pero no podía apartar la vista.
    
    Enrique aceleró sus movimientos. Mi hermana, con las manos en los costados de su hijo, lo apremiaba a seguir. «No pares, Enrique. No pares,» gemía, con el rostro contorsionado por el éxtasis.
    
    «Mamá, te sientes tan bien,» susurró Enrique, con la voz entrecortada por el esfuerzo.
    
    «Más fuerte, hijo. Dámelo todo,» respondió Paulina, con una sonrisa ...
    ... lasciva.
    
    Enrique, con una sonrisa malvada, se detuvo un momento y se retiró de dentro de ella. «Vamos, mamá. Cambiemos de posición. Quiero verte desde atrás,» dijo, con una voz autoritaria.
    
    Mi hermana obediente, se puso de rodillas y se inclinó hacia adelante, apoyando los codos en la cama. Enrique se colocó detrás de ella, agarrando sus caderas con firmeza. «Así, mamá. Así me gusta,» murmuró, mientras volvía a penetrarla con fuerza.
    
    El sonido de sus cuerpos chocando era más intenso en esta posición, y los gemidos de placer de ambos llenaban la habitación. Enrique, con una mano en la cadera de su madre y la otra en su propio miembro, guiaba sus movimientos con precisión.
    
    «Sí, así, Enrique. Así me gusta,» gemía Mi hermana, con el rostro enterrado en la almohada.
    
    Enrique, con una sonrisa satisfecha, aumentó la velocidad de sus embestidas, haciendo que el cuerpo de su mamá se moviera hacia adelante y hacia atrás con cada golpe. «Mamá, te voy a dar lo que mereces,» dijo, con la voz llena de lujuria.
    
    Enrique, se detuvo un momento y se inclinó hacia delante para susurrar al oído de su madre: «Ahora, mamá, te voy a dar algo especial. ¿Estás lista?»
    
    Mi hermana asintió. «Sí, hijo. Estoy lista para todo lo que quieras darme.»
    
    Enrique se retiró lentamente y, con una mano, comenzó a masajear el ano de su madre con lubricante. ella, excitada, se arqueó hacia atrás, permitiéndole un mejor acceso. «Así, mamá. Relájate,» murmuró Enrique, mientras insertaba lentamente un dedo en su ...
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