1. Mamada entre machos


    Fecha: 02/05/2026, Categorías: Gays Autor: Pancho Alabarde, Fuente: CuentoRelatos

    Hola, soy Alberto, tengo treinta y algún años, vivo en Madrid y me acaban de hacer una mamada monumental, pero dejen que se lo explique desde el inicio, no sea la cosa que se pierdan los detalles y no valoren la historia en toda su magnitud.
    
    Verán ustedes, por razones ya explicadas, mi adolescencia y mi juventud, sexualmente hablando, se esfumaron tras mi militancia en una orden religiosa que mantenía el principio de la abstinencia sexual como una extraña forma de alcanzar la excelencia, claro que tras muchos años lo único que alcancé fue una especie de represión sexual que me estaba volviendo loco, de modo que tras mandarlos al diablo me propuse recuperar el tiempo perdido, y en esas estamos, y con esos precedentes deben interpretar esta extraña experiencia sexual llevada a cabo entre machos, algo que desde hacía tiempo venía acariciando y por fin la acabo de llevar a la práctica.
    
    En mis muchos años de militancia en esa orden religiosa, siempre se había dejado traslucir por sus miembros que el sexo entre hombres es comprensible, porque la carne es débil y hay que atender las necesidades del cuerpo, en cambio el sexo con una mujer es sucumbir a la tentación del diablo. Menudos hijos de puta, la orden estaba llena de maricones aprovechados que se camuflaban como fervientes seguidores, para, en cuanto se les presentaba la ocasión y el candidato propicio, hacerles una mamada o incitarles a que se los follaran según fuese su inclinación.
    
    Pero el caso es que tanto ...
    ... manosear el tema que me llegue a interesar por averiguar por mis propios medios qué tan satisfactorias eran las relaciones entre machos, eso, claro está, después de mis innumerables experiencias llevadas a cabo entre diferentes miembros de la orden y en especial, un alto y sobradamente reconocido ejecutivo de la empresa española, que a nada que me descuidara, siempre encontraba la oportunidad de cogerse a mi polla y enterrarla entre sus generosas y hambrientas nalgas.
    
    Y decidido como estaba a recuperar el tiempo “no vivido”, cierto día me deje caer por uno de esos locales de ambiente de la movida madrileña que se anuncia como poseedor de uno de los mejores cuartos oscuros de la ciudad. Nada más entrar al local a una de las mejores horas del día, es decir, a medianoche de un fin de semana, el trasiego de clientes que dirigían sus pasos hacía una esquina apartada del local eran más que evidentes, de modo que, después de hacer el paripé un rato en la barra y después de intercambiar insulsas palabras entre algún cliente curiosón, encaminé mis pasos hacía “la tierra del paraíso”, perdón, hacía lo que parecía la entrada al cuarto oscuro del local.
    
    En efecto, nada más traspasar unos vetustos cortinajes que dejaban bien a la vista un ancho y poco iluminado pasillo, me encontré con una puerta con un cartel más que insinuante: “sólo machos” y allí me colé, dispuesto a catar las delicias que allí, en la más profunda oscuridad, se ocultaban. La entrada al cuarto oscuro era auténticamente ...
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