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Mater amantísima (2ª parte)
Fecha: 03/05/2026, Categorías: Incesto Autor: Pancho Alabarde, Fuente: CuentoRelatos
Como ya conocen por mi anterior relato, se la acabo de meter a mi madre y le he cogido tanta afición que follamos cada día, pero acaba de regresar de un viaje y me he dado cuenta de que me regresa follada, muy follada. Desde el mismo día que se la metí a mi madre llegué al convencimiento de que en los asuntos del follar hay diversas clases. Si descontamos a los privilegiados que en lugar de sexo encuentran amor, para los demás mortales existe la clase turista, esa que sales a la calle a buscar la mejor oferta y te ofrecen un polvo, todo incluido, con un servicio razonable. Después viene la Bussines class, aquella en la que deseas a la compañera de trabajo y que un día consigues tirártela. Es más placentera pero cuesta más, porque tienes que seguir cumpliendo. A la Bussines class le sigue la Premier class que es cuando consigues tirarte a la mujer de tu jefe o de tu socio, o bien a la vecina de enfrente. Mucho morbo pero lleva implícito un plus de peligrosidad que no todo el mundo puede darse el capricho de pagarlo. Y finalmente señores, finalmente esta la clase Gourmet, para auténticos sibaritas, sólo para los elegidos. No es follar, es morbo en estado puro, no es meterla, es metérsela a tu madre, algo que sólo pueden apreciar quienes lo hayan experimentado, porque después todo te parece sucedáneos. De modo que con esos antecedentes quizás puedan entender mi desolación cuando llegué al aeropuerto de Madrid Barajas a recoger a mi madre que regresaba de un viaje de ...
... cinco días a San Sebastián para visitar a sus padres y, nada más darle el beso de bienvenida, me di cuenta que algo había sucedido durante su viaje. Llegaba poco centrada, dispersa, contestaba a casi todo lo que le preguntaba con monosílabos y, además, nada más sentarnos en el coche y meterle mano entre las piernas, me di cuenta que medio se sonrojaba, de modo que opté por esperar y ver. Pensé que atosigarla con preguntas sólo conduciría a que se encerrase en sus desasosiegos y no sacase nada en claro. Y acerté, porque al poco rato comenzó a ronronear en el asiento, a acariciarse el cuerpo, a llevarse los dedos a los labios y ya, descaradamente, se paseaba sus manos y sus dedos por sus bragas, ligeramente abierta de piernas y musitando palabras inconexas, hasta que soltó una frase clara, alta y contundente: -Me la han metido. -¿Qué?, ¿qué te han hecho?, ¿quién te la ha metido? -le pregunté sobresaltado por la confidencia, aunque ella no estaba para respuestas complejas y volvió a repetir con voz seductora: -Me la han metido. Quizás si ustedes conocen Madrid, sabrán que desde el Aeropuerto de Barajas hasta la zona de La Moraleja, que es donde vivo con mi madre, apenas hay 20 minutos de trayecto, pero créanme si les digo que no menos de una treintena de veces mi madre musitó el mismo estribillo: me la han metido, me la han metido, me la han metido, así hasta llegar al aparcamiento de nuestra mansión que, sin esperar a que se bajase del coche me encaramé encima de ...