-
Mater amantísima (2ª parte)
Fecha: 03/05/2026, Categorías: Incesto Autor: Pancho Alabarde, Fuente: CuentoRelatos
... dirección. Pues en esas andaba, cuando un camarero que oficia en el local tanto de acomodador como de recepcionista nos propone instalarnos en el más apartado diván, del más oscuro rincón del local. Ya instalados nos sirven unos cubatas, en vasos largos, con mucho hielo y con compañía, pero no estaba yo por aceptar lo primero que surgiese, quería ver, comparar y quedarme con lo más mollar, que por cierto no era otro que un macizo mulato que no apartaba su vista del culo de mi madre. La invitó a bailar y ya en la pista, descaradamente, le metía mano a todo lo que encontraba a mano, lo mismo le daba sobarla el culo, que las tetas que, insolentemente, restregarle la polla por su entrepierna, pero mi madre no estaba para exhibicionismos y enseguida regresó a mi guarida acompañada claro del mulato tocón. Allí, en mis brazos y al resguardo de miradas indiscretas la cosa ya cambió, el mulato ya no la sobaba, ya directamente le metió mano a las bragas y antes de que me pudiese dar cuenta de lo que estaba sucediendo, tenía las bragas de mi madre dentro del vaso de mi cubata. Yo hice cuanto pude, que no fue otra cosa que proteger a mi madre entre mis brazos mientras el mulato se bajaba los pantalones y se sacaba de no sé donde una polla de una colosal envergadura. Mi madre se abandonó entre mis brazos y se abrió ligeramente de piernas para no dar demasiadas facilidades, pero inútil, todo fue inútil, porque el mulato se la estaba metiendo hasta la empuñadura. Y allí, ...
... desde ese momento, comenzó la más fascinante aventura que un hijo pueda desearle a su madre. El mulato aparte de macizo era hablador, muy hablador y enseguida le estaba recitando al oído de mi madre poesía en estado puro, cosas como “trágatela toda putona”, “te la voy a estar metiendo hasta la madrugada”, “te voy a llenar el chocho de polla”, y, contrariamente a lo que sucedía cuando yo se la metía que ninguno de los dos abría la boca, ella respondía de lo más creativa: “métemela mariconazo”, “métemela, que se entere mi hijo como se folla a una tía”, “métemela y lléname el chocho de polla”, “no quiero que me la restriegues, quiero que me la claves hasta los huevos”, “no quiero que me lo chupes, quiero sentir latir la polla dentro de mi chocho”. Yo mientras tanto recibía en mi cuerpo los envites del mulato y de mi madre. Los envites del mulato me sacudían el cuerpo, los de mi madre me sacudían el decoro, se la estuvo follando más de media hora, ambos se corrieron como posesos, como energúmenos, como hechizados. Yo no daba crédito a lo que estaba sucediendo, me parecía imposible que se pudiese follar con tanta pasión, con tanta fogosidad, pero allí estaban mi madre y aquel mulato, follando y enseñándome a follar. Al rato el mulato desapareció y enseguida se dejó caer por el diván el camarero para ver si queríamos algo más. Yo le dije que no, pero mi madre le pidió una botella de champán. A mi ya no me quedaba capacidad de asombro, de modo que me deje llevar. Yo creí que ...