1. Culeandose a su recatada madre por desquite


    Fecha: 04/05/2026, Categorías: Incesto Autor: Roger David, Fuente: TodoRelatos

    ... pelitos crespos y castaños que adornaban su ardiente vagina, fue encandilada por la luz de la lámpara que estaba en la mesita de noche.
    
    Laureano se había despertado y la había encendido, dedujo la caliente hembra en forma escandalizada, pero la calentura se negaba a abandonarla.
    
    ―¡Mamá! ¡¿Qué mierda me vas a hacer?! ―le gritó el astuto chamaco haciéndose el desentendido y asustado. Claro está que el muy sinvergüenza tuvo que sacar toda su fuerza de voluntad para interrumpir a su madre en el glorioso instante en que había estado a punto de penetrarse ella misma con su verga.
    
    ―¡Cariñoooo! ¡No… no es lo que tú piensas! ―exclamó Mónica mirándolo y aún montada sobre su cuerpo. Ella mantenía la verga agarrada con su mano y apuntándola directamente hacia su rasgadura intima. Se sabía crudamente desnuda y expuesta ante su hijo, pero extrañamente no hacía nada por cubrir su cuerpo, como tampoco por salir de aquella posición en que la habían sorprendido.
    
    La sulfurada hembra cayó en la cuenta de lo absurdas que eran sus palabras al estar en aquellas escandalosas condiciones y explicándole a su hijo lo inexplicable. Por lo que al instante supo que no le quedaba de otra. Debía manifestarle claramente lo que estaba ella sintiendo en esos momentos.
    
    ―Hijo, no sé qué es lo que me pasa… pero tengo tantas ganas… ―le dijo montada sobre él y con la verga apuntando a su hoyo vaginal. A pesar de lo enloquecedor que era todo eso, ella igual notaba que su hijo la miraba entera, sobre ...
    ... todo hacia su parte intima que estaba totalmente expuesta y semi abierta al estar ella con las piernas separadas.
    
    ―¡¿Ganas de qué?! Si se puede saber ―le exigió el muchacho empujándola violentamente hacia un lado y poniéndose de pie a un costado de la cama.
    
    El muy caliente pendejo la veía desnuda y en toda su majestuosidad, en donde ella sin ninguna gota de pudor se exhibía ante él mostrándole sin recato alguno los encantos femeninos que poseía, y que con tanto celo había guardado en sus años de viudez.
    
    ―Tengo ganas de hacerlo, cariño… Yo sé que está mal, pero necesito que me lo hagan… Vamos, ¡¿quieres hacérmelo nene?! Solo será un ratito.
    
    ―¡¡Pero por Dios!! ¡¿Que estoy diciendo?! ―se auto recriminó Mónica en forma más que escandalizada al percatarse de las burradas que estaba diciéndole a su hijo. No obstante, aunque en ese momento sufría un leve estado de lucidez, su mente le negaba la voluntad de cerrar sus piernas o tapar su desnudez con las cobijas.
    
    ―¡Eso es lo que yo no sé! ¡No sé lo que dices! ¡No sé qué es lo que quieres que te hagan! ¡¿Y qué era lo que me ibas a hacer cuando me desperté?! ¡Tú estás enferma! ¡Iré a despertar a Jessica para que te llevemos al médico!
    
    ―¡Noooo…! ¡No lo hagas! ¡No es eso lo que necesito! ―le exclamó arrastrándose por la cama como una verdadera leona y otra vez alejada de toda norma moral―. Laureanito, mi cielo… Solo ven y acuéstate aquí conmigo. Tengo tantas ganas de hacerlo… Por favor, entiéndelo. Ven, y si alguna vez me ...
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