1. Capítulo 7 — El peso de una medalla


    Fecha: 05/05/2026, Categorías: Lesbianas Autor: Pagina y Silencio, Fuente: TodoRelatos

    ... unas cositas que no necesitaba y me las arreglé. ¿Crees que me iba a perder el día en que mi hija compitiera contra su gran amor?
    
    Charlotte sintió cómo algo se contraía en su pecho. Su madre lo sabía.
    
    —Mamá... —susurró, bajando la vista.
    
    —No tienes que decirme nada. Soy tu madre. Te conozco más de lo que tú crees. Y lo que vi hoy... esa forma en que se miraron, ese abrazo... eso no es solo admiración.
    
    Charlotte se quedó en silencio, tragando saliva.
    
    —Y está bien —agregó su madre, con ternura—. Si eso es lo que sientes, no lo calles más. Yo solo quiero que seas feliz. Si ella significa eso para ti, búscala. Invítala a cenar. O, si te animas, llévala un fin de semana a casa. Veremos si le gustan las gallinas del patio.
    
    Charlotte soltó una risa entre lágrimas, incrédula de escuchar aquello.
    
    —¿En serio estás bien con esto?
    
    —Estoy bien con todo lo que te haga sonreír. No ha sido fácil. Para ti ni para mí. Pero si este es el inicio de algo bonito... entonces que comience, mi amor. Solo prométeme algo.
    
    —¿Qué?
    
    —Que no te escondas de ti misma.
    
    Charlotte asintió, abrazándola con más fuerza.
    
    Por primera vez en mucho tiempo, sintió que no estaba sola en su deseo de buscar a Emily. Tal vez... era hora.
    
    Mientras tanto, en los vestidores del equipo militar femenino...
    
    Las risas, los gritos y los abrazos retumbaban con fuerza. Amanda levantaba su medalla de bronce como si fuera de oro, mientras las más jóvenes saltaban a su alrededor con ...
    ... euforia. Algunas grababan con sus teléfonos, otras hacían chistes sobre lo que iban a pedir de cena esa noche.
    
    Emily se mantenía de pie, con la chaqueta cerrada hasta el cuello, el cabello recogido en su típica cola, las manos entrelazadas frente a ella. Sonreía con discreción, como si todo le sucediera a otra persona. Pero en el fondo, algo dentro de ella temblaba.
    
    Había ganado. Otra vez. Pero esta vez, no solo fue una victoria deportiva.
    
    —¿Y esa cara, capitana? —Lucía se le acercó con una toalla en el cuello y la mirada viva—. ¿No te diste cuenta de que brillaste allá afuera?
    
    Emily esbozó una sonrisa leve.
    
    —Ustedes también. Me alegra verte así de feliz, Luci.
    
    Lucía bajó la voz, aunque sin perder la chispa en los ojos.
    
    —¿Y tú? ¿Cuándo te vas a permitir sonreír de verdad?
    
    Emily la miró de reojo, entendiendo hacia dónde iba la conversación. Pero no dijo nada.
    
    —Vamos, Em. Aún es temprano. Podrías invitarla a comer, a caminar... lo que sea. Hoy hiciste historia. Y ella también. Se merecen un respiro.
    
    —Tengo trabajo, Lu. Sabes bien cómo están las cosas y no quiero atrasarme más —respondió Emily, sin pensarlo demasiado—. Tenemos un levantamiento en carretera. Mataron a un coronel retirado. Nos toca, Lu. Además, debo hacer la inspección preliminar.
    
    Lucía frunció el ceño. Las cosas en el país no andaban nada bien con el tema de las pandillas.
    
    —¿Y tú crees que no puedo cubrirte un par de horas? Vamos, Em. Deja de correr.
    
    Antes de que Emily pudiera ...
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