-
Capítulo 7 — El peso de una medalla
Fecha: 05/05/2026, Categorías: Lesbianas Autor: Pagina y Silencio, Fuente: TodoRelatos
... debo volver a casa. El viaje que me espera es un poco largo. Gracias por pensar en nosotras, pero tú sí puedes, hija, aún tienes cosas que hacer acá. —No, mami, ¿cómo crees? No dejaré que te vayas sola —añadió Charlotte, consciente que el viaje en autobús era largo y serían alrededor de tres horas lo que tendría que viajar su mamá, así que con todo su pesar estaba por negarse a algo que realmente quería: pasar tiempo con Emily. —No se preocupe por eso, con gusto las llevamos a usted y a Charlie —exclamó Lucía—. ¿Puedo llamarte así, verdad? Emily bajó la mirada, nerviosa. No esperaba un rechazo. —Claro, puede decirme así, en serio se los agradezco pero no quiero molestar —añadió con una voz que se notaba cierta tristeza. —Eso no sería ninguna molestia —agregó Emily con la esperanza de que aceptara—. Si ustedes nos lo permiten, yo personalmente me encargo de llevarlas, no importa la hora ni dónde sea. Además, prefiero llevarlas y cerciorarme de que lleguen seguras. La madre de Charlotte sonrió con esa sonrisa que solo las madres pueden hacer cuando saben que sus hijos están rodeados de personas que los aprecian, y con una pena que se podía escuchar en su voz temblorosa aceptó, pues también quería que su hija saliera un poco del círculo en el cual se encontraba y pudiera explorar nuevas posibilidades. Ninguna de las tres podía contener la felicidad, pues sus rostros las delataba. Charlotte con la complicidad de su madre pasaría mas tiempo con Emily, esta a ...
... su vez estaba llena de sentimientos desbordados, y al final Lucia la cual sonreía por su gran logro y así poder ver de primera mano lo que haría su amiga. La casa Mendoza quedaba en una zona residencial alejada de la ciudad, rodeada de árboles altos y jardines bien cuidados. Era amplia, pero acogedora, con luces suaves, música instrumental y una cocina que olía a hogar. Emily, sin embargo, no lograba relajarse del todo. Sentada en el borde del porche trasero, observaba a la gente reír, a Lucía hablar con su madre, a Charlotte moverse entre los demás como si hubiera nacido para habitar la alegría. Pero ella... ella aún estaba alerta. Cada sonido la hacía girar el rostro. Cada sombra la tensaba. Hasta que Charlotte se sentó a su lado, sin decir nada. —¿Todo bien? —preguntó, apenas en un susurro. Emily asintió, pero no la miró. —No estoy acostumbrada —dijo finalmente—. A esto. A que haya paz. Charlotte se quedó en silencio, y luego estiró la mano. Suavemente, tomó la de Emily. Fue un gesto simple, pero algo se derrumbó por dentro. La temperatura cambió. El mundo se volvió más lento. Y Emily, por primera vez en años, sintió que no tenía que correr. Charlotte la miró de frente. —No sé en qué momento empecé a sentir esto —dijo con una voz apenas temblorosa—. Tal vez cuando tenía quince. Tal vez cuando te vi pelear con tanta fuerza. O cuando noté que, a pesar de tu dureza... había una tristeza que nunca se iba. Y por eso te admiré aun mas. Pero ahora... ...