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Me han hecho esclava sexual durante mis vacaciones
Fecha: 07/05/2026, Categorías: Hetero Autor: Libelula, Fuente: TodoRelatos
... que había visto en real en toda mi vida. Llamaba la atención sobre todo lo gruesa que era, y por lo menos 23 centímetros de larga. Pensaba sinceramente que si me metía todo aquello en mi boca me iba a asfixiar. No me decidía a cogerla y meterla en mi boca. Al ver que dudaba unos segundos, Yoel se inclinó, levantó su mano derecha y me dio un fuerte azote sobre la teta más cercana. PLASH. “Ponte a mamar, zorra. Házselo bien a mi padre o te vas a enterar”. Y volvió a levantar la mano y me azotó de nuevo sobre el pezón de la otra teta. PLASH, “¿A qué esperas?, vamos, trágatela”. Mientras azotaba mis pechos con ganas ese muchacho, que hasta hace poco se mostraba tan dulce conmigo, yo me quejaba por el dolor, pero a la vez sentía una ola de lujuria. Me excitaba sentirme sucia y humillada, como una esclava de aquellos dos hombres y eso hacía que notase una creciente humedad en mi vagina. Mientras acercaba mi cabeza a ese pollón fui abriendo la boca todo lo que daba de sí y sacaba mi lengua hacia afuera para hacer sitio al monstruoso capullo, a la vez que Ernesto, de pie ante mí, me cogía de mi cabeza con su mano derecha, me empujaba hacia él y con la izquierda se agarraba el tallo de su nabo y tiraba de él hacia abajo descapullando todavía más su glande. Me la metió en mi boca completamente abierta y yo engullí aquel cipote con ansia y empecé a darle gusto con mi boca y mi lengua a aquel hijo de puta. Mientras, el chaval, agachado junto a mí por detrás, observaba mi ...
... técnica feladora y cómo el nabo de su viejo entraba y salía rítmicamente de mi boca. Me seguía sobando las tetas y tratándolas con cierta brutalidad. En un momento que agarré la polla de su padre con una mano para pajearle a la vez que se la mamaba, Yoel me volvió a dar azotes sádicos en mis pezones y aureolas. “Sin manos, puta, cómesela sin manos, y saca bien la lengua y lámele bien el capullo”. Finalmente me agarró por las muñecas y las puso detrás de mi espalda, y me las sujetó fuertemente con su mano izquierda, mientras con la otra empezó a pajearme el coño. Ernesto berreaba de gusto como un animal, me cogía de la cabeza y hacía que su polla se metiese hasta la campanilla, en un intento de garganta profunda imposible. Cuando tenía casi la mitad de aquella barra de carne insertada y me taponaba la entrada de aire, mis ojos empezaron a llorar de angustia y quise pugnar por sacarla de mi boca. En esos momentos el cabrón me sujetaba unos segundos más, empujaba el glande dentro de mi tráquea prolongando mi angustia, para después dejarme sacarla y mientras cogía aire con ansia, me daba dos o tres sopapos en mis mejillas. “Así, furcia, así, lo haces muy bien. Se nota que te gusta. Mmmm, me la estás comiendo muy bien. Ahora hasta dentro, zorra. Venga, del todo, mmm, hasta los huevos. Te vas a acostumbrar en nada”. En un momento gire un poco la cabeza a mi izquierda y pude contemplar la escena en el espejo de cuerpo entero que había entre la cama y el escritorio. Mi blanco cuerpo ...