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Me han hecho esclava sexual durante mis vacaciones
Fecha: 07/05/2026, Categorías: Hetero Autor: Libelula, Fuente: TodoRelatos
... todo lo que podía. ¡Menudo lote se estaban dando ese par de cabronazos!. Mientras yo lo veía todo desde la barra del chiringuito muerta de envidia, de celos y con la cabeza dándome vueltas. El instructor se la estaba comiendo a besos y no paraba de meterle mano por todas partes sin ningún tipo de reparo ni vergüenza de estar casi a la vista de la gente. Estoy segura de que el muy hijo de puta se había puesto exactamente allí para que yo pudiese ver todo y provocarme. Y seguro que eso le ponía doblemente cachondo, estar magreando a la española guapa mientras la amiga veía todo lo que hacían. Yo tenía un montón de sentimientos encontrados. Por una parte me sentía mal con Tere por haberme dejado allí sola mientras ella se daba el lote con aquel cubano guapo y seguro de sí mismo. Pensaba: “encima que la he invitado a venir al viaje y mira como me lo paga la cabrona, dejándome más tirada que una colilla”. Y por otra parte, lo que veía me estaba excitando una barbaridad, cómo la besaba, con qué ansia, cómo la agarraba del culo con sus fuertes brazos y como empezaba a meterle mano por delante entre las bragas y empezaba a masturbarla mientras seguía comiéndole la boca. Entre esa visión, todo el vino que había bebido y que empezaba a subirse a la cabeza, y la brisa suave que acariciaba mi cuerpo y mis tetas casi desnudas en aquella cálida noche sentí como se humedecía mi coño, y deseé ser yo la que estuviera en los brazos del instructor de buceo. El viaje lo había ganado yo, ...
... ¿no? y por tanto, yo tenía más derecho que Tere a disfrutar de todo aquello. Me tomé lo que quedaba del mojito de un trago y me dirigí al camarero que también miraba de vez en cuando a la pareja. - Póngame otro mojito por favor, ¡y bien grande!. - Por supuesto señorita, ahora mismo. El camarero se puso a prepararme la bebida y en un momento dado hizo un ademán con la cabeza señalando hacia donde la pareja seguía el magreo y dijo: “Parece que su amiga la ha dejado solita, ¿verdad?”. Hizo una pausa de unos segundos. “Si me permite, conozco bien a Miguel y va a ser difícil que su amiga vuelva a reunirse con usted esta noche.” Ante esas palabras, alcé la vista y mire al camarero al que no había prestado atención hasta ese momento y que me estaba sonriendo con sorna. Era un hombre cubano de alrededor de 45 años, de mirada intensa, bastante alto, desde luego más que yo, y fornido, aunque tenía una incipiente barriga. Se notaba que de joven debía haber sido un hombre muy guapo. Tenía la mirada inteligente e irónica de quien está acostumbrado a tratar con turistas desde hace muchos años y su voz, grave y calmada, denotaba experiencia y sabiduría de lo que ocurre en situaciones similares. Me quedé completamente sorprendida por la declaración de aquel hombre. A saber por qué decía aquello, aunque sabía el nombre del instructor y parecía conocerle bien. “¿Por qué dice eso? le pregunté. - Por nada, simplemente porque le conozco desde hace más de cinco años y sé cómo ...