1. Fany, la cornuda, capítulo 5. Segunda saga


    Fecha: 19/05/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Homelander, Fuente: TodoRelatos

    ... convirtieron en sonrisas entrecortadas, miradas largas y contactos cada vez menos accidentales.
    
    Fany deslizó las manos por el abdomen de Pau, jugando con los bordes de su brasier. Eliza dejó que sus dedos acariciaran sus costados, apenas por debajo de los brazos. Pau se reía, sí, pero ya no era la misma risa de antes. Era más baja, nerviosa, casi jadeante. Cerraba los ojos a ratos, dejándose llevar.
    
    —¿Ya ves, Pau? —murmuró Fany—. No necesitas pendejos, podemos “lesbianar” —decía y reían las 3, aunque bajito.
    
    Pau no respondió con palabras. Solo se quedó ahí, respirando entrecortado, con el cuerpo caliente entre las dos. Las manos de Fany le apretaban suavemente la cadera, mientras Eliza jugaba con su cabello, peinándolo con los dedos.
    
    Entonces Pau abrió los ojos. Y se encontraba con Eliza de frente, MUY cerca, sus brasieres se rozaban. Eliza también la miraba. No sonreía ya, solo la observaba con la cara medio en sombra, los labios entreabiertos, el pecho subiendo y bajando con lentitud. Algo en esa mirada detuvo todo.
    
    Pau la besó.
    
    Fue torpe, rápido, sin aviso. Se estiró hacia adelante y presionó sus labios contra los de Eliza, con una necesidad repentina, como si su cuerpo hubiera decidido solo. Sus ojos estaban cerrados con fuerza, su cuerpo rígido como una tabla. Un mal beso, un mal movimiento, un terrible avance mal ejecutado.
    
    Eliza no se movió. No respondió, pero tampoco retrocedió. Por la sorpresa repentina e inesperada, más viniendo de Pau. Pero ...
    ... tampoco es que fuera un cuarentón asqueroso de la calle que se le acercó de golpe a tocarle las tetas, fue cálido, no agradable, pero tampoco repelente. Solo se quedó ahí, con los labios tensos bajo el beso de Pau, sorprendida.
    
    —¿¡Qué pedo, Pau!? —susurró, apenas separándose, los ojos abiertos como platos.
    
    Pau echó la cara atrás enseguida, con la mirada desencajada, aterrada.
    
    —¡Perdón! ¡perdón! ¡perdón! —dijo una y otra vez, cubriéndose la boca—. ¡No sé por qué hice eso, perdón! ¡Yo…!
    
    Parecía a punto de llorar por la vergüenza que la aplastaba, los ojos vidriosos mirando a Eliza, la voz quebrada, temblando como si todo se le hubiera salido de las manos. Eliza respiró hondo, confundida, no quiso retroceder para que Pau no saliera corriendo y llorando. La tocó apenas en el brazo, con voz suave.
    
    —Estamos pedas, no pasa nada… ¿ok? Tranquila —dijo, forzando una pequeña sonrisa.
    
    Fany miraba desde atrás, sin entender del todo, pero sin juzgar. Pau asintió con la cabeza rápido, apretando los labios, sin atreverse a mirarla más. El cuarto entero pareció quedarse en pausa por un segundo, como si todo se hubiera movido demasiado rápido para alcanzarlo.
    
    Pero pronto lo superaron.
    
    Entre el alcohol que ya les nublaba las ideas y la noche que se alargaba como una sábana tibia, el momento incómodo fue tragado por el tiempo. Sin saber bien cómo, ni en qué orden, ya estaban las tres tiradas en el cuarto. El ventilador giraba lento, las luces tenues aún encendidas, y la ...
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