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Un viaje para olvidar IV Encuentro al Amanecer
Fecha: 21/05/2026, Categorías: Gays Autor: Thiago Luis da Silva, Fuente: TodoRelatos
... sonrisa se mantuvo, y alzó las manos en un gesto tranquilo. —Tranquilo, Alex. Soy Raúl Muñoz, por decirlo de alguna manera, vecino. Mi cabaña está a unos kilómetros al sur. Leñador, amigo de tu padre, Felipe Guerra. Alex abrió los ojos como platos, y su expresión cambió de golpe. Una sonrisa se le dibujó en la cara, como si el nombre hubiera desenterrado un recuerdo perdido. —¡Joder, Raúl! ¡Cuánto tiempo, cabrón! —dijo, con una alegría que me pilló por sorpresa. Sin pensarlo, se acercó y lo abrazó, apretándolo fuerte contra su cuerpo desnudo. Luego, sin previo aviso, le plantó un beso en los labios. Raúl no se inmutó, al contrario, lo aceptó y devolvió el beso con la misma intensidad, sus lenguas enredándose en un morreo profundo que resonó en el silencio del salón. Yo los miraba, todavía en el umbral, con el corazón acelerado. Alex se giró hacia mí, todavía con la mano en el hombro de Raúl. —Carlos, este es Raúl, un viejo amigo de papá. Raúl, este es mi hermano pequeño, Carlos. Raúl se acercó, con esa sonrisa suya que parecía saber más de lo que decía. Me dio dos besos en las mejillas, un gesto casi formal, pero yo, con una chispa de malicia, le devolví una mirada cargada. —Puedes saludarme de mejor forma, ¿no? —dije, con una sonrisa torcida, y sin esperar respuesta, me arrodillé frente a él. Raúl no se movió, solo me miró con una mezcla de diversión y deseo. Le bajé la bragueta del pantalón de pana con un movimiento lento, y vi que no llevaba ropa interior. ...
... Su polla, gruesa y ya medio dura, salió libre, y no perdí tiempo. Me la metí en la boca, saboreando el calor y el peso mientras empezaba a mamar con ganas. Raúl puso sus manos en mi cabeza, guiándome con firmeza, y empezó a hablar con Alex como si nada, como si follarme la garganta fuera lo más normal del mundo. —Joder, Alex, cómo han cambiado las cosas, ¿eh? —dijo, con una risa grave, mientras sus caderas se movían rítmicamente—. La última vez que te vi, eras un crío que apenas sabía manejar un hacha. Y mírate ahora, todo un hombre. Alex se rió, apoyado contra la pared, mirándonos con una mezcla de orgullo y calentura. —Tú tampoco has cambiado mucho, Raúl. Sigues teniendo esa energía de siempre. Raúl gruñó, apretando más mi cabeza mientras su polla se hundía en mi garganta. No tardó mucho en correrse, descargando un lefazo caliente y espeso que tragué sin dudar. Me puso en pie de un tirón, me escupió en la boca abierta, y luego me dio un morreo intenso, sus labios sabiendo a tabaco y algo más, algo salvaje. Se guardó la polla, todavía húmeda, y se giró hacia Alex para darle otro morreo, igual de profundo, antes de hablar. —Estaría bien que me invitarais a cenar una de estas noches —dijo, ajustándose el cinturón—. Pero mejor cuando haya luna nueva. Las noches de luna llena las tengo ocupadas con mi pandilla. —Soltó una risa baja, como si compartiera un chiste privado, y sin más, se dio la vuelta y salió por la puerta, dejándonos a los dos calientes, con el cuerpo ...