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Minerva es el erotismo tabú puesto al desnudo (3)
Fecha: 23/05/2026, Categorías: Fantasías Eróticas Autor: Mesalino, Fuente: CuentoRelatos
Los jóvenes rellenaron sus vasos de la mezcla alcohólica y siguieron conversando. Habían pasado unas cinco canciones cuando Minerva sacó una banda elástica para el cabello de su mochila. —¡Puff! Hace calor. ¿No os parece? —dijo, haciéndose una coleta en el pelo. —Ch-chicos, ¡qué tal si n-nos metemos al agua! Los tres varones festejaron la idea y, poniéndose de pie, empezaron a quitarse las camisas. —Esperad, esperad. ¿Qué hacéis? ¿Cómo vamos a meternos al agua? —¿Por qué no? —dijo el negro quitándose la camiseta, dejando a la vista sus desarrollados pectorales y unos rectos abdominales que parecían patatas bajo la piel. —Pues porque no tenemos bañado… —Minerva se calló cuando vio que en un instante los tres jóvenes estaban en bóxer. Se puso los dedos en la boca, intentando contener una risa, tal vez por el asombro de ver que en la silueta de sus penes se evidenciaban sendas erecciones, tal vez por el aspecto de sus desmadejados bóxeres. El del gordito era de un verde descolorido por gotas de lejía, el del flaco era azul y estaba roto junto al elástico de la cintura y el del chico negro era de color blanco, con el dibujo de unos labios rojos justo en el saco que aloja el pene. —¿Para qué bañador? —dijo el negro—. Venga. No te pongas mojigata de nuevo. —Dale, que ya te vimos el culo —dijo el flaco. —Es muy diferente que me hayáis visto el culo, a que me veáis… ¡toda! —S-será como estar en b-bikini. —Dijo el gordito. —No es lo mismo. Mi ropa ...
... interior es… es muy pequeña. Me… me veríais casi todo. —Venga, esto quedará entre nosotros —dijo el negro—. Mira a David; ya tiene las tetas al aire y no dice nada. Los pectorales obesos del que se había vuelto tartamudo parecían tetas puberales. Se tomó las tetillas con los dedos, se las pellizcó e hizo una divertida mueca morbosa con la lengua. Todos rieron. —Yo he venido en tanga, como tú. ¡Mira! —dijo el flaco. Se había vuelto de espaldas, y metiéndose su bóxer entre la raja de sus raquíticos glúteos, salpicados de pequeños granitos inflamados; se puso a menearlo, haciendo descojonar de risa a la chica. Los otros dos chicos dijeron que ellos también iban en tanga y también metieron sus bóxeres entre los glúteos y los menearon y todo mundo se descojonó de risa. —Definitivamente, estáis como unas cabras —dijo ella con una exhalación derrotada—. Solo os digo que, si esto sale de aquí, os mato. La ropa de la chica rodó por su espalda y glúteos hasta el suelo rocoso. Las aguas de la cascada dejaron de murmurar… Los pájaros interrumpieron su trinar… Y los hombres dejaron de respirar… El color pálido de la piel de Minerva era inmaculado, como una virgen de porcelana. Sus clavículas, haciendo presión bajo la piel, parecían las alas abiertas de un pájaro queriendo volar. Sus tetas, que tenían el tamaño justo para ser agarradas por una mano abierta, estaban contenidas con dificultad por la media copa de un sujetador que parecía una talla menos de la ...